El arte puede expresar aquello que no puede ser puesto en palabras

Escribir, cantar, pintar, tienen algo de silencio. Nadie puede hablar de su obra, salvo por imágenes que pueden ser o no compartidas. Tampoco se puede hablar mientras la obra se está creando.

Tomemos el ejemplo de un cantante, cómo podría expresar las emociones que surgen de las vibraciones de su voz? Cómo explicar los sentimientos que resuenan con la melodía?. Escribir, también es no hablar. Es callarse. Es gritar una verdad sin ruido.

Hay algo, un punto del orden de lo inconmensurable, de la locura del sin sentido que el arte bordea y delimita un espacio en el que adviene la creación. Porque muerte y sexualidad no se expresan con palabras.

La escritura poética, la obra de arte, la música, el teatro,  dan soporte al analista en la creación de una interpretación. El inconsciente habla con metáforas, con un código que va más allá del sentido imaginario para poder explicitar miles de sentidos, contradictorios, entremezclados, muchas veces incomprensibles, pero que seguramente reverberan en algún acorde del inconsciente. Cómo dar cuenta de un sueño?

La interpretación es siempre limitada, lo real tiene sus secretos, que sólo el arte logra “acariciar” aunque no pueda descifrarlo totalmente. El efecto de esta caricia es resonancia pura de aquello que no puede ser dicho.

No es del lado de la lógica articulada que el analista emite su palabra. Su palabra tiene algo de coexistencia, de “estar resonando con” el inconsciente del paciente que se devela en el puesta en escena que permite la transferencia analítica.

Se puede aplicar el psicoanálisis a una obra de arte? Definitivamente no. El arte es la caja de resonancia, pero el que habla, escucha e interpreta (en el sentido de ejecutar) es el artista/paciente. La inversa es posible: se puede aplicar el arte al psicoanálisis para construir saber analítico.

Desde el arte aplicado al psicoanálisis, la obra permite estabilizar el delirio psicótico. Desplaza la “locura del cuerpo” a la locura de la obra. Pasar de “estar poseído” a reencontrarse en posesión/posicionado con lo construido. Una reconstrucción del alma que puede compartirse con otros, abriendo el horizonte de la locura al lazo social. La obra es “praxis terapéutica” igual que la práctica psicoanalítica. Capta el sinsentido de lo efímero de la vida y la muerte, sinsentido que ronda las cavilaciones de las locuras neuróticas y psicóticas y lo muestra al espectador que se sienta tocado por la obra.

Artista y analizante atraviesan laberintos, pero los atraviesan sin mapas, porque la vida no está dibujada de antemano, aunque desde el inicio haya rayones y marcas, porque tampoco la vida es una tela en blanco. Por ello, para lograr esta travesía, la única manera es posicionarnos en otro espacio que tiene distintas coordenadas. El arte como el psicoanálisis, son  generadores de esos universos de libertad, en los que el tiempo y el espacio no nos constriñen. Y entonces, es allí en esa tierra pródiga de creatividad, donde podemos rehistorizarnos, reescribirnos sin palabras habladas y poner en acto el deseo, ese misterio siempre esquivo de nuestro decir. Donde hay deseo hay creación artística, donde hay psicoanálisis hay posibilidad que emerja el deseo dormido.

Así del arte los psicoanalistas aprendemos a crear lugares para que el acto subjetivo se exprese, para que el discurso se despliegue como borde de aquello que como dice Lacan, “no cesa de no escribirse”.

Lic. Liliana Paz Mendez

Psicóloga-MN 48359
Clínica de Adolescentes y Adultos
Orientación Vocacional y Ocupacional
Acompañamiento terapéutico

Cel/Whatsapp 1559428070

Liliana Felipe: “Las histéricas”

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