Las relaciones tóxico dependientes. Máscaras del miedo a la libertad

Relaciones tóxicas. Codependencia. Las concesiones. Rotura de vínculo y depresión. Relaciones perder-perder. El sujeto desdibujado. Miedo a la soledad y a la libertad. Los mandatos. Querer cambiar al otro. Ejercicio pleno del deseo

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La droga que oculta el vacío

Una relación se vuelve tóxica cuando uno o ambos integrantes de la pareja se tornan co-dependientes. El vínculo se transforma así en insatisfactorio, por temor a la pérdida y por las concesiones que deben hacerse para mantenerlo. Se sobredimensiona la importancia de la relación para la continuidad de la vida diaria. En casos extremos pueden aparecer ideas de suicidio o depresiones profundas ante la amenaza de la rotura del vínculo. Mantener la relación implica un gran consumo de energía. Se está absolutamente pendiente del otro, hasta de los mínimos detalles para tratar de complacerlo. Se descuida la propia persona, los intereses y la existencia se torna monótona, ya que el único objetivo es mantener la relación a costa de todo.

En estas relaciones sólo se puede perder. Se pierde la autoestima, las ganas de vivir, los propios objetivos, la capacidad de de tomar decisiones. El sujeto se desdibuja, no se reconoce. Se ha transformado en un títere que baila al compás de otro que ordena, a veces con maltratos y comentarios despectivos.

El primer indicador de una relación tóxica es una angustia difusa y una desazón ante una vida sin consistencia y de prestado. La persona nunca sabe cómo llegó a esa situación y se encuentra ante un callejón sin salida.

Cómo se llega a construir una relación tóxica? Por miedo a perder el amor del otro. El otro se transforma en el todopoderoso salvador, el único que querrá y cuidará al sujeto. Este rol de niño desprotegido, se ha venido jugando desde la infancia, probablemente se tuvo un entorno que se percibió como carente de afecto, motivo por el cual la supervivencia consistió en complacer para recibir. De todos modos, en cada sujeto la historia familiar se vive de una manera única y por ello debe ser elaborada individualmente. No existen causas únicas, aunque existen consecuencias comunes a todos. Entre ellas podemos citar:

  • Baja de la autoestima. La baja autoestima se compensa con el fantaseo de ser el “salvador” del otro. El sujeto cree que puede cambiar al otro, cree que es el único que con su amor y paciencia logrará que el otro se comporte de manera amorosa. Por ello se toleran hasta las agresiones, físicas o psíquicas.
  • Asumir el rol de víctimas. Esto lleva indefectiblemente a que el único rol del otro sea el de victimario, con lo cual se establece un círculo vicioso mártir-victimario, de relación tóxica.
  • Necesidad permanente de dar muestras de cariño. Regalos, caricias, atenciones, sexo, afecto se vuelven compulsivos. Si el otro no los percibe o valora, aflora la angustia, si el otro lo retribuye, surge la sensación de euforia, sensación corta que necesita de más retribución, operando como una droga. El objetivo existencial del sujeto es vivir por y para el otro, no importando los costos que implique. Este “amor al detalle” encubre un profundo sentimiento de vacío.
  • Miedo a la soledad. Este miedo estresa. Se vive pensando en la pérdida, es un duelo patológico y crónico que alimenta la necesidad de dar muestras de afecto.
  • Cumplir roles y mandatos a costa de la realización de los propios deseos. A veces con aburrimiento y hastío se sostienen roles que no encajan con las necesidades del sujeto y que prolongan la dependencia. Por ejemplo se evita la independencia económica con la excusa de ser una buena madre y ama de casa. Esta dependencia encubre el miedo a seguir avanzando en la vida y el autocastigo por tener deseos que se mantienen permanentemente insatisfechos. Se vive una vida “de prestado” porque no se quieren asumir los riesgos de poner en acto la vida propia.

Estoy entrampado en una relación tóxica. Y ahora qué hago?

La mala noticia es que no hay recetas, la buena noticia es que se puede salir con un trabajo terapéutico sobre los deseos, los roles, la existencia. No es fácil, pero el primer paso de reconocer-se en una relación tóxico-dependiente y adictiva, ya está dado. Tal vez la decisión más difícil sea buscar el cambio, querer salirse de una relación, que actuando como una droga, proporciona un sentido a la existencia del sujeto. Querer cambiar ese sentido, repensar la vida, es un buen inicio para “honrar la vida” y no que ésta se constituya en un mero transcurrir. Amar no es buscar la media naranja que nos complete como sujetos sino la unión de dos sujetos, enteros, que buscan la realización de sus propios deseos, en una relación que sea un campo fértil para experimentarlos. Es difícil controlar emociones y sentimientos pero se puede decidir qué hacer con ellos Y se es libre para elegir qué clase de relaciones y de personas nos rodearan a cada momento. El ejercicio de la libertad es siempre completo, aunque el espacio de libertad sea pequeño. Ese “algo de libertad” será el que nos constituirá como sujetos.

Licenciada Liliana Paz Mendez

Psicóloga UBA-MN48359

Cel 1559428070

4 thoughts on “Las relaciones tóxico dependientes. Máscaras del miedo a la libertad

  1. Muy bueno,Liliana!!!!!!!!!Siempre el camino mas dificil es el de la libertad,el de poder elegir… pero vale la pena el esfuerzo no?Cariños

  2. Alguien que no se quiere y no se conoce se culpa por el maltrato recibido, se convierte en su peor crítico, este tipo de personas no pueden estar a solas, se escapan de sí mismos les duele reconocer y aceptar lo que no se puede cambiar, nadie quiere aceptar algo que le duele, aunque sepa que lo destruye, se encierran y reciclan su propio sufrimiento, hasta convertirlo en adicción. Trabaja en recuperar tu autoestima perdida, mientras no lo hagas y la tengas destrozada solo atraerás personas que quieran abusar de ti, esto es como un radar que te identifica como vulnerable y seguro te atacaran los lobos.

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