Consumo, luego existo. La aniquilación del deseo

La despersonalización en la sociedad líquida de la postmodernidad. Sociedad de consumo y el aniquilamiento del deseo. Consumo-dependencia. La construcción de un sujeto libre y la apuesta del psicoanálisis

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Consume hasta morir-Magritte

Cuántas veces oímos decir: “Cuánto más consumo más feliz soy”. La publicidad nos vende hoy la cajita feliz del último celular con teclado qwerty, no importa que no puedas tipear porque no te entran los dedos.

¿Consumo o consumidos? ¿Quien consume a quien? . La respuesta es simple. Sólo basta observar la gran desigualdad que existe entre consumidores y las grandes empresas proveedoras de bienes y servicios. Los productos hoy son todos “tirables”, la calidad es baja adrede, para que los renueves a los pocos meses y, la tecnología es cambiada, para que no puedas usar los bienes que ya posees. No necesariamente nueva tecnología significa avance, casi siempre es más de lo mismo. El único objetivo empresario es hacer circular la oferta de los productos a un ritmo que les permita mantener altas tasas de beneficios (de las cuales los trabajadores obviamente no se benefician, el trabajo está “flexibilizado”, sinónimo de pauperizado).

Tenemos  redes sociales, internet y telefonía que potencian nuestros contactos. Como toda herramienta no son malas en sí, sino en función del uso que se les dé. Si tengo 300 amigos virtuales, ¿puedo llamarlos amigos?. Es sólo mera competencia por un número mayor de contactos. En cambio si me encuentro con aquél amigo entrañable de la secundaria y retomo el vínculo, la red me habrá permitido recuperar mis afectos. Reflexionemos: ¿A cuál de estos dos objetivos apunta la sociedad de consumo?

Como vemos, el consumismo expresa hoy la futilidad de la vida. En esta sociedad líquida, el cambio es rápido, pues no son cambios estructurales sino sólo cosméticos. El tiempo, la madurez y el crecimiento, no son valores, muy por el contrario son dis-valores. Maduro es equivalente a obsoleto. Los de más de cuarenta años, ¿no son tratados como deshechos?, ¿alguno consigue trabajo a pesar de su experiencia?

El lema actual es “tener más y mejor”, “tú puedes” “el único límite es el cielo”. ¿El cielo de quien?. Será tan difícil aceptar que todos somos falibles, que la única democracia que existe es la del cementerio. Ese agujero existencial está taponado por productos a consumir, por superhombres con cirugías que preservan una supuesta juventud. Si hasta se escuchan propuestas científicas cuyo objetivo es lograr vencer a la muerte!. ¿Alguien pensó lo aburrida que sería una sociedad de inmortales? ¿Quién tendría ganas de hacer algo, si hay tiempo mañana?. ¿A qué generación futura les legaríamos algo?.

La sociedad hoy  aniquila el deseo. Todo se puede tener, porque todo es comprable. Paradojicamente este “agujero colmado” no nos hace felices. Muy por el contrario nos incrementa la angustia ante la competencia salvaje por mostrar quién la tiene más larga. Sino cómo se explica el incremento de los ataques de pánico y el consumo de clonazepan. Vivimos drogados. La droga nuestra de cada día es necesaria porque cada cosa que conseguimos no expresa nuestra subjetividad sino que muestra que siempre faltan cinco centavos para el peso. Además esta sociedad nos gobierna por el miedo. El discurso social hegemónico, introduce la variable de poder que implica atemorizarnos respecto del futuro: ¿estaremos dentro del sistema?, ¿nos alcanzará el salario para seguir consumiendo? El temor al futuro, crea una demanda infinita de seguridad, demanda que nunca podrá satisfacerse, ya que el futuro es por definición incertidumbre.

El consumo hoy es la “ego-expresión”, ergo implica despersonalización. La propia identidad se construye sobre rasgos particulares y en este momento está construída sobre la sociedad de consumo masivo. Somos una marca, una marca de moda, no una marca singular e irrepetible.¿Quien soy yo en el mundo actual? Un bien totalmente circulable. ¿Qué paso a ser cuando no puedo consumir?. Sólo un deshecho-deshechable. Soy en la medida que consumo, si no puedo consumir no soy nada. La “ego-expresión” y los fenómenos de consumo, nos muestran que el yo no es el sujeto, el yo es sólo una cáscara-máscara.

Entonces, aprendamos a valorar el agujero del “no-todo se puede”, no-todo puede hacerse, no-todo puede conocerse. Porque en ese espacio de falta está nuestra potencia, nuestra posibilidad de construir algo que nos exprese como sujetos libres y deseantes. Nuestra posibilidad de mirarnos, no ya en el espejo de la sociedad que nos consume, sino en el espejo de nuestros ojos que expresan lo más profundo de nuestro ser. Es un principio y también nuestro legado, para que nuestra vida no sea un mero transcurrir, sino “honrar la vida”. Esta debe ser la apuesta del psicoanálisis.

Lic, Liliana Paz Mendez

Psicóloga UBA-MN 48359

Cel 1559428070

Money-Pink Floyd

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