Creatividad, cambio y psicoanálisis. Activando potenciales de salud

La imaginación al poder

Hablar de la creatividad como producto de un proceso es definirla como resultado del tránsito por un camino, en el que paso a paso se consigue avanzar para lograr un cambio efectivo.
La ventaja implícita en esta perspectiva es que se pueden utilizar los elementos de contexto que actúan como precursores del proceso (potenciales de salud).
En la medida en que comprendamos y expandamos un problema relacionándolo con mayor número de cosas, crearemos una mayor superficie de relaciones para hallar su posible solución.

Ser curioso, salirse de los caminos marcados, abrirse al mundo y ser receptivo a todo lo que nos rodea puede ayudarnos a descubrir ideas que tengan el potencial de unirse y formar algo nuevo y que reorienten nuestra mente en direcciones inesperadas, mostrándonos caminos que antes no teníamos ni idea que podían surgir. Somos conscientes que la realidad nos limita. Sin embargo, en la medida en que se pueda expresar la creatividad, más allá de los condicionamientos conscientes e inconscientes, se puede dar lugar al proceso creativo para hacer lugar a un goce basado en la realización de las capacidades únicas del ser humano. Goce que hace posible aceptar los sinsabores de la realidad y  que sustituye  la resignación pasiva que nos imponen nuestros límites. Por otro lado, este goce no tiene los efectos secundarios que tiene cualquier droga ni conlleva el sufrimiento implícito en la dependencia. La terapia psicoanalítica, entre otras,  plantea un camino posible para la reactivación de la creatividad y la búsqueda activa del cambio.

Y si decidimos no hacer terapia?

Si bien la terapia psicoanalítica es una alternativa poderosa para realizar cambios en profundidad, existen herramientas sencillas que son aplicables en el día a día.
Le proponemos que haga el ejercicio de transitar el proceso creativo. Plantéese un problema y siga las siguientes fases:

1. Preparación

Percepción de un problema y reunión de informaciones. Inmersión (consciente o no) en un conjunto de cuestiones problemáticas que son interesantes y suscitan la creatividad. Es un momento estimulante porque es cuando uno reconoce una inquietud que le mueve, empieza a investigar buscando posibilidades y alternativas.
Plantee el problema claramente y luego recopile información sobre el mismo. Lea, busque imágenes, converse del tema con parientes, amigos y compañeros, vea películas, etc.

2. Incubación

Tiempo de espera, de busca inconsciente de la solución. Se realizan conexiones inusitadas: las ideas se agitan por debajo del umbral de la conciencia. Es un período en el que pueden surgir angustias y la sensación de que no se conseguirá lo que se ha propuesto. Generalmente, en ese momento surgen ansiedades, miedo a quedarse en blanco, al vacío y a la incapacidad de encontrar las “respuestas creativas” deseadas.
Pero una persona creativa acostumbrada a pasar por esos procesos, sabe que es necesario un tiempo interior para que los distintos elementos puedan “amalgamarse”. Es como si fuese una fase de “cocción cuya duración no siempre podrá ser controlada por la persona que crea. Mucha gente abandona sus procesos creativos en este momento por no soportar esa “espera en la oscuridad”. Nunca se sabe cuanto tiempo durará una incubación, pueden ser horas o años.
No se desespere. Realice un “brainstorming” (tormenta de ideas). Después de analizar todo el material que recopiló en la fase 1, anote en una hoja de papel todas las ideas que le surgen, sin juzgarlas, no importa cuán descabelladas sean.

3. Iluminación

La solución irrumpe de golpe. Es cuando llega la luz a la oscuridad del proceso de incubación y las partes antes dispersas se unen presentando un todo ordenado. Ese es el momento más agradecido del proceso creativo, porque es cuando uno ve todo claro y conectado. Es un tipo de éxtasis placentero que da energía a todo y justifica todo el esfuerzo anterior.
Busque conexiones entre las ideas surgidas de la fase 2. De ser posible haga gráficas de dichas conexiones. También es útil el ejercicio “la imagen”: realice un dibujo representativo de su idea a modo de logotipo y luego póngale un slogan.

4. Verificación

Examen de la solución encontrada. Es el momento de evaluar si merece la pena dedicar atención a lo que se ha intuido. Se deberá hacer un juicio racional el cuál analice las fortalezas y debilidades de la idea al momento de ser aplicada, así como las oportunidades o amenazas que genera su aplicación. Verifique con otras personas que actúen a modo de “abogado del diablo” es decir que le cuestionen en profundidad su idea y Ud. deba argumentarla. Esta fase conlleva como consecuencia la aprobación de la idea o bien abandonar todo el trabajo, o reemplazarlo en todo o en parte. Si considera que no ha arribado a la solución correcta, no se desespere ya que ahora posee un método para generar nuevas ideas. Cuanto más practique el proceso creativo, más se desarrollará su creatividad.

Lic. Liliana Paz Mendez

Psicóloga UBA-MN48359

Cel 1559428070

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