El amor en los tiempos de internet

“Amamos a aquel que responde a nuestra pregunta:

¿Quién soy yo?”

Jacques A. Miller

El hombre ama a la persona que le devuelve una imagen narcisista de sí mismo. El amor se dirige a aquel que, pensamos, conoce nuestra verdad y nos ayuda a encontrarla soportable, a darle un sentido. Desde allí cualquier medio sirve para encontrarse.

Ahora pasemos a la Internet. A pesar de que los amores cibernéticos son manifestaciones novedosas, guardan un parecido con aquel “amor cortés” de la Edad Media, que se caracterizaba por no satisfacerse en la realidad y que se alimentaba de la separación de los amantes, del sufrimiento y la pasión imposible.

La actitud fóbica, en la que no hay relación cuerpo a cuerpo, alimenta el romanticismo pero: ¿Qué puede ocurrir cuando el encuentro se materializa? Hay distintas alternativas: es posible que todo lo idealizado se confronte con la realidad y del enamoramiento se pase a la desilusión; la otra, es que pueda darse realmente un encuentro amoroso, si se supera la idealización y se toleran las diferencias; y por fin, otra vicisitud posible son las estafas, el vínculo perverso.

El peligro del amor por Internet es que puede ser sólo una ilusión. La ilusión es una percepción falsa, una imagen o representación que no coincide con la realidad. Proviene de la imaginación o por engaño de los sentidos. Difiere del error, ya que la ilusión persiste después de ser reconocida como inexacta o falsa, pudiendo provocar los mismos sinsabores que suelen producir los verdaderos hechos de la realidad. Podemos inferir, por lo tanto, que la ilusión es una elaboración subjetiva que hace que una persona perciba lo que quiere y no lo que realmente es, en virtud de necesidades internas. El fenómeno de Internet ha abierto un canal propicio para aquellos corazones solitarios que aspiran a vivir ilusiones, porque en el fondo temen enfrentar la realidad y principalmente el contacto físico. La era virtual crea un intermediario que no juzga, no condena, no siente, pero que permite un acercamiento audiovisual, sin contacto.

Es probable que algunos se hayan podido conocer por Internet y que incluso hayan logrado concretar una relación satisfactoria, pero también existen muchos que han sido engañados y estafados. Porque un medio como Internet se presta al engaño y a la falsedad; porque es una tentación difícil de vencer, es la oportunidad de vivir un “como si” como en el teatro, y atreverse a actuar distintos personajes y hasta diferente sexo, edad y condición social. Pero cuando algunas necesidades no están satisfechas, una salida elegante sin tener que enfrentar el riesgo del rechazo, es defenderse poniendo una computadora en el medio. En estos casos, una vez que se ha producido un contacto aceptable, una buena forma de evitar ser engañado y de no perder el tiempo, es acelerar la concertación de una cita para conocerse personalmente. Si el interlocutor o interlocutora se empeñan en postergarla y no se definen en un plazo más o menos breve, es probable que se trate de farsantes que sólo se están divirtiendo. Estas desilusiones suelen afectar casi tanto como lo haría la pérdida de una relación real, porque los seres humanos tendemos a construir castillos en el aire y a aferrarnos a ideales.

Otro tema son las infidelidades virtuales. La red no sólo sirve para juntar parejas, sino también para separarlas. Las infidelidades virtuales son responsables de no pocos divorcios y se producen por la búsqueda del encuentro ideal: ante las frustraciones con la pareja real, se busca otra alternativa, pero muchas veces no pasa de ser una infidelidad virtual, es simplemente un juego. Es que Internet no fue creada para facilitar vínculos amorosos sino para procesar datos, pero dado que el ser humano siempre busca la comunicación, el intercambio social, el amor a través de la web ha hecho renacer el romanticismo. Es más: a través de Internet es posible mantener el romanticismo durante mucho tiempo, algo que en la realidad no sucede, porque en general, en la vida real, las parejas pasan del enamoramiento al amor, en el mejor de los casos  y en otros, al aburrimiento y al odio. Por ello muchas parejas compensan el tedio de sus relaciones con encuentros “románticos y eternos” a través de la red. Algunos se consuman y pueden llevar a la disolución de la pareja actual.

Entonces: ¿qué hacemos con el amor por Internet?. Tenemos dos posibilidades: una es alimentar la fantasía como una búsqueda escapista ante la realidad que se opone a nuestros deseos y otra es utilizar la web para recuperar algo del deseo, como un interregno que posibilite tomar cierta distancia de la realidad, fomentar los sueños para finalmente poner en acto el deseo.  O buscamos en el otro una imagen amable y narcisista de nosotros mismos (enamoramiento alienante) o apostamos al amor como “esa mano tendida con un deseo que va al encuentro de otra mano tendida con otro deseo”. Dos seres incompletos que se encuentran en el espacio vivificante del encuentro amoroso. Como siempre, no es el instrumento el problema, sino el uso que hagamos de él.

Lic.Liliana Paz Mendez

MN 48359

Cel 1559428070

Too much love will kill you. By Queen and Luciano Pavarotti


Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s