Infidelidad: En búsqueda del deseo perdido

“Los celos del amante no carecen nunca de una raíz infantil o, por lo menos, de algo infantil que eleva su  intensidad.
Las costumbres sociales han tenido en cuenta prudentemente estos hechos y han dado cierto margen al deseo de gustar de la mujer casada y al deseo de conquistar del hombre casado, esperando derivar así fácilmente la indudable inclinación a la infidelidad y hacerla inofensiva. Determinan que ambas partes deben tolerarse mutuamente esos pequeños avances hacia la infidelidad y consiguen, por lo general, que el deseo encendido por un objeto ajeno sea satisfecho en el objeto propio, lo que equivale a un cierto retorno a la fidelidad”

Sigmund Freud: Tres Ensayos para una teoría sexual

Somos deseantes eternos,  cambiamos de objeto de deseo en forma permanente pero hay un límite muy delgado cuando se habla de la persona que se ama y a la vez se desea. Si tuviésemos que elegir, desearíamos ser siempre un objeto deseado, puesto que en el amor, seríamos sólo parte de la posesión de otro, que además, sería infiel siempre (porque el otro desea, no hay garantías que nos desee siempre a nosotros).

La vulgarmente llamada “teoría de la media naranja” hace sus estragos, de tal manera que solemos creer que una sola persona, puede satisfacer todos nuestros deseos y colmar todas nuestras necesidades. La exigencia sobre el otro se vuelve titánica. Y también la exigencia sobre uno mismo, que pretende erigirse en único objeto de deseo del otro. Esto está emparentado con el narcisismo en el amor (amamos a quien nos devuelve una imagen completa de nosotros mismos).

Por ello amargamente aprendemos, al costo de la infidelidad, que algo se interpone entre esa “mitad” y nosotros para conformar “el todo perfecto”. Cuando la infidelidad ha sido consumada, se nos presentan una infinitud de interpretaciones posibles siempre a posteriori. Nos decimos que el  tercero en discordia, es más perfecto o que otorga lo que uno no puede dar, o que es el perverso provocador de rupturas matrimoniales. Y por ese camino de análisis no llegamos a ningún lado, porque la única actuación posible que nos deja es la de controlar al otro permanentemente para evitar la “reincidencia” y/o convertirnos en el objeto al servicio del otro.

Creo que el análisis debiera encararse de otra manera.

El primer punto a interpretar es si la pareja cuente acerca de su infidelidad (o bien que por un “descuido” deje que el otro se entere).
La víctima se pregunta “¿Seré muy ingenuo o confiado?” La respuesta es que la infidelidad no está relacionada con la confianza o la ingenuidad, porque la infidelidad es un acto dirigido al otro, un mensaje a ser escuchado. No es ocultamiento, es develamiento.

Aquí aparece el segundo elemento a interpretar:
¿de quién era el deseo de relacionarse, del infiel o de su pareja? Uno puso el cuerpo, pero ¿quién puso el deseo?.

Es el deseo el que impone el mensaje, mensaje que implica decirle al otro que aún puede ser un objeto deseable. Desde allí otra pregunta: Infidelidad es amor?

En muchos casos es amor por uno mismo, son frecuentes las situaciones de infidelidad, que ocurren en el momento que, por avatares de la vida, el tiempo nos deja una herida narcisística. El/la otra, pasan a ser una conquista que nos devuelve la juventud perdida. En otros casos es manifestación de sofocamiento ante la vivencia del amor como posesión.
Entonces una situación de infidelidad, sea que se presente como ocasional o como crónica, generalmente refleja, a la manera de un síntoma, un debilitamiento de los lazos emocionales que se dan en una relación de pareja.  Se intenta mantener inalterada y preservada una parte del vínculo con la pareja, aquéllos aspectos de la relación que se sienten necesarios para la continuidad personal, conyugal, familiar o social.

En otros casos se ha perdido el deseo por el otro y un tercero, puede volver a alimentarlo. Pero en este caso, hablaríamos de una necesidad patológica de mantener un triángulo para buscar en forma permanente, aquello que devuelva a la pareja original. Esta es una forma idílica de sostener a la pareja tal como inicialmente se la había conocido. Algo se ha roto: el contrato inicial latente por el que nos unimos a “nuestra alma gemela”. Este contrato excede al acuerdo de monogamia. Se incluyen en él los roles que cada miembro de la pareja desarrollará en la relación. Si estos roles se alteran, por los cambios propios del crecimiento personal de cada individuo, la pareja se desestabiliza. Los contratos (colusiones), son necesarios para el inicio de la pareja, pero en el largo plazo no dejan lugar para el desarrollo personal.

Se puede prevenir la infidelidad? No lo creo. Continuar una pareja es una elección diaria. Y en cada momento que estemos eligiendo surgirán distintas opciones que nos llevarán a cuestionar la continuidad de la relación. Por otro lado, la raíz inconsciente de nuestro deseo, es la que prolongará el misterio de nuestras elecciones. En los actos de nuestra vida, no habrá jamás garantías.

Que puede hacer la pareja ante la infidelidad? Regla general: hablarlo, hablarlo y hablarlo. Repensarse como sujetos y como pareja.

Dentro de esta comunicación “nutritiva” será necesario, en primer lugar, reconocer que la infidelidad es un “síntoma de a dos”, involucra a la pareja como un todo. Por ello se deben analizar las causas profundas del deseo de cada partenaire, involucradas en la infidelidad. Ver cual es el mensaje subyacente en el acto del compañero infiel.

En segundo lugar se deberá analizar qué es lo que se ha roto del contrato de roles y cómo ello  ha abierto una herida narcisística. Dado que los contratos son latentes sería conveniente recurrir a una terapia de pareja.

En tercer lugar las consecuencias morales no debieran ser tenidas en cuenta. Existen culturas en las que el adulterio está permitido. No se debe confundir sexualidad con genitalidad. La sexualidad está arraigada en lo más profundo del deseo y como tal es motor para la vida. La genitalidad es la que generalmente cuestiona la moral social, que trata de encorsetar nuestra vida en una supuesta “normalidad”.

En cuarto lugar, se deberá analizar si las relaciones extramaritales son de una sola vez, quizás más ligadas al momento y a la oportunidad, o si son relaciones de mediano y hasta largo plazo, donde evidentemente el conyugue infiel ha desarrollado un lazo profundo con alguien fuera de la relación, en cuyo caso es muy posible que ya no haya mensaje de llamada de atención, sino ocultamiento por motivos sociales, económicos o morales.

Finalmente, pensemos que tras una infidelidad, existe la posibilidad de retomar y continuar con la relación de pareja, incluso  puede mejorar la relación. También si la separación es el camino elegido, esta crisis será una oportunidad de crecimiento para cada uno de los miembros de la pareja. Que esto sea posible depende de la forma de pensar (se) la relación y a sí mismo en el plano profundo inconsciente. Por ello en última instancia, depende de la salud psíquica de los cónyuges. No hay recetas milagrosas, cada pareja es diferente y tendrá que resolver su propia posición frente al deseo.

En realidad, si reconocemos que todos somos infieles, le daríamos a este tema mucha menos importancia y nos sentiríamos mucho más liberados. Ya sea que la pareja continúe o se separe, debemos recordar que la única fidelidad posible es ser uno mismo y que amar no es poseer al otro como un objeto, sino tender una mano con un deseo, para lograr el maravilloso encuentro con otra mano tendida con otro deseo.

Lic. Liliana Paz Mendez

Psicóloga-MN 48359

Clínica de Adolescentes y Adultos

Orientación Vocacional y Ocupacional

Acompañamiento terapéutico

Cel/Whatsapp 1559428070

 

If  you love somebody set them free by Sting

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