La necesidad del ocio creativo. Aprendiendo a hacer de la “nada” una fuente de inspiración

 

“Libro de la almohada” Vladimir Kush

               “La creatividad es, pues, la conservación durante toda la vida de algo que en rigor pertenece a la     experiencia infantil: la capacidad de crear el mundo.”

Donald Winnicott. Psicoanalista

El descanso es importante porque otorga un cierto sentido al hecho de trabajar. Es esencial destacar que se puede vivir ayunando varias semanas y algunos días sin tomar agua, pero sin dormir, sin descansar, una persona no soporta más de tres días. Si no hay descanso mental, aparece la enfermedad. Pueden sobrevenir consecuencias tanto físicas como psíquicas: La persona que no descansa, lo primero que tiene es cansancio, pero también pueden aparecer patologías de origen psicógeno, como la neurosis de angustia o alguna afección psicosomática. También el tan temido estrés laboral (burnout)

Ante este panorama, uno tiene que aprender a prestar atención a su cuerpo. Nunca deben dejarse de atender las señales que emite el organismo. Si alguien siente que no da más, tiene que hacer un paréntesis, aunque tampoco es necesario armar las valijas e irse de viaje. Lo esencial es reposar, más que pensar que hacer, es ser siendo. Para muchos no es fácil relajarse, ya que suponen que el ocio es sinónimo de holgazanería.

Pero al “recreo” se lo puede situar desde dos perspectivas. En la antigua Grecia se apelaba a la vida contemplativa como una segunda vertiente del trabajo físico. Pero desde la mirada romana, al ocio se lo relacionaba con ‘el no hacer’, estrechamente ligado a la vagancia. Y nuestra cultura heredó esta última representación. Ni lo uno ni lo otro. La idea es poder ubicar el descanso en el marco de un espacio donde rompemos con lo cotidiano de la vida para poder lograr un ocio creativo, más parecido a la metodología griega.

Un aporte esencial para desentrañar algunas incógnitas del ser humano, es el concepto de una tercera área de experiencia (ni interna ni externa),  desarrollado p0r el psicoanalista Donald Winnicott.  Esta área genera un espacio potencial creativo, como un área transicional, en la cual el ser humano puede “jugar”, experimentando el placer de ir recreando sus deseos. Este espacio virtual se desarrolla desde los primeros meses de vida, donde el juego produce una zona de experiencia individual única. Vivir creativamente implica conservar ese núcleo de “juego” intacto, no sometido a lo establecido por los demás.

Es esa área  la que puede estar empobrecida, si el ocio creativo no se ha estimulado. Por el contrario, el respeto por el espacio transicional, hará que el “ruido cotidiano” se haga  música, y las palabras poesía. En ella se cargarán los deseos propios, los cuales uno no tiene el derecho a imponer a nadie y es la que permite apropiarse de la “melodía” del otro y de la cultura para recrearla y tener una mirada original sobre el mundo. El ocio se convierte así en  una actividad “autotélica”, es decir una actividad sin otra finalidad que ser ella misma la que confiere a nuestra especie su especificidad. Se trata del tiempo re-creativo por excelencia, el tiempo de las artes, de la contemplación y la creatividad. Porque no todo empleo del tiempo libre es ocioso, en la medida en que el ocio supone el ejercicio de una capacidad que no tiene una finalidad instrumental prefijada, y que, en principio, resulta ajena a cualquier beneficio material inmediato. Lo contrario es “hacer escuela” del tiempo libre, organizándolo con actividades y horarios prefijados.

La sociedad hoy, dispara contra el ocio porque implicaría ir en contra de los niveles de rendimiento en el trabajo,  exigidos para sostener el consumo de artefactos y servicios superfluos. El ocio es una ganancia pura para el sujeto y el sistema no permite más que su propia ganancia. Ocurre que desde que hace aproximadamente 20 años la innovación digital se ha instalado de manera masiva,  la computadora, el e-mail, el teléfono celular, el chat, el mp3, los video juegos, etc. forman parte de nuestro paisaje cotidiano. La telecomunicación nos mantiene efectivamente comunicados a distancia, algo que incide positivamente en nuestra productividad, vale decir, la capacidad de hacer muchísimas cosas en poquísimo tiempo, así como en las modalidades que adoptan nuestras formas de esparcimiento. Al punto que la frontera que separa ambos dominios, el de la producción y el del esparcimiento, se adelgaza imperceptiblemente hasta hacerse apenas reconocible. Podemos planificar desde la playa, enviar informes, hacer inversiones, comunicarnos con la otra punta del planeta, mantenernos al tanto del día a día de nuestra empresa, cuando no, más crudamente, vigilarla en tiempo real por medio de videocámaras conectadas a un monitor a través de Internet. La consigna es “Trabaje desde su casa, desde la quinta o el country, trabaje desde el auto, desde la sierra o el mar, trabaje desde donde quiera … ¡pero no deje nunca de trabajar!”. Entonces recrearse deja de ser re-crear(se) para convertirse en una actividad más que repite el modelo laboral, es decir mero entretenimiento.

Por fuera del “empuje a trabajar” alienante, el tiempo del espacio psicoanalítico se inscribe en el campo de ejercicio del ocio en su sentido clásico de actividad creadora, o sea dentro del espacio transicional. Algo bueno de recordar en una época en la que, el mercado, parece reservar esa potencialidad de creación sólo a algunos especialistas, profesionales que, precisamente, se designan a sí mismos, en su trabajo y no en su ocio, como “creativos”. Paralelamente se intenta eliminar al psicoanálisis, a través de la promoción de psicoterapias que propugnan una cura rápida de entrenamiento para ser feliz. También el arte es atacado por el mercado, porque  el arte, en cualquiera de sus manifestaciones, permite el desarrollo de ese espacio transicional, creador de nuevos mundos y un goce particular sin adicciones ni costo, donde el sujeto no esté constreñido por el afuera, ni por los propios mandatos recibidos.  Los invito entonces a potenciar y disfrutar el espacio de ocio creativo propio, para lograr una vida más plena y sin lugar a dudas más libre y creativa.

Les dejo algunas ideas para poder llegar a posicionarse en el espacio creativo. Seguramente con su ocio creador activado podrán generar otras, las propias e inspiradoras:

  • Cambiar hábitos y rutinas, revisando su necesidad y a quien benefician.
  • Desconectarse de PC’s, celulares y cualquier otra “tentación” tecnológica.
  • Elegir lugares abiertos e inspiradores. Si no es posible, armarse un espacio propio donde sentirse cómodo.
  • Permitirse momentos de ocio con regularidad (preferentemente un mínimo de una hora por día) y “minivacaciones ociosas” los fines de semana
  • No planificar el ocio. Lo ideal es hacer las cosas cuando uno tiene ganas. Eliminar el “tengo que” La única norma es permitirse esos momentos todos los días.
  • No atarse a las “obligaciones” que imponen los demás. En todo caso dos personas o más disfrutan su propio ocio en conjunto. Es algo así como una “improvisación” entre distintos instrumentos, sin director de orquesta. Es como hacer “malabarismos al azar” sin necesidad de estar de acuerdo.
  • Descansar lo suficiente sin sentirse culpable, eso implica no llenarse de “actividades”. El ocio creativo es lo contrario a una agenda de actividades de entretenimiento.
  • Descubrir aficiones que están abandonadas por ” inútiles”. Aprender a descansar es un arte y el ocio retrata lo más genuino de uno mismo.

Lic. Liliana Paz Mendez

Psicóloga-UBA
Adolescentes y Adultos
Orientación Vocacional y Ocupacional
Acompañamiento terapéutico

Cel/Whatsapp 1559428070

Email: psyche.ar@hotmail.com

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