Miedo a triunfar (pánico escénico): la claudicación del deseo

Pánico escénico: el retorno del fantasma

La labor psicoanalítica nos ha descubierto el principio siguiente: los hombres, enferman de neurosis a consecuencia de la privación. Entendiendo por tal la privación de la satisfacción de sus deseos libidinosos…[para] la génesis de la neurosis es necesario que exista un conflicto entre los deseos libidinosos de un hombre y aquella parte de su ser que denominamos su yo, el cual es la expresión de sus instintos de conservación e integra su ideal de su propia personalidad…Así, pues, quedamos sorprendidos, y hasta desconcertados, cuando en nuestra práctica médica descubrimos que hay también quien enferma precisamente cuando se le ha cumplido un deseo profundamente fundado y largamente acariciado.

Sigmund Freud “Los que fracasan al triunfar”

El público se hace escuchar. Mientras se acerca al escenario, las manos le sudan y una vergüenza incontrolable se mezcla con una gran dosis de ansiedad, autoexigencia, impotencia y miedo a que se abra el telón. Otro ataque de pánico escénico puso su mente en blanco en el momento menos indicado. Es el mismo pánico que se presenta al momento de enfrentar una cita, una entrevista laboral,  rendir un exámen o dar una clase.

Si bien se escucha “pánico escénico” en el ambiente artístico, este fenómeno es una experiencia universal del hombre, cuando se enfrenta a una situación nueva, en la que se le juega (desde su imaginario) “el todo por el todo”.

El pánico escénico  es una experiencia de inhibición psicológica que perturba la posibilidad de desempeñarse en el rol que se está ejecutando cuando aparece un tercero que observa el desempeño. La mirada del otro actúa como elemento disparador de la evaluación que se hace de sí mismo. Se despierta el evaluador crítico interior que descalifica y desvaloriza la acción. No es posible apoyarse en el propio juicio, sólo queda el temor de que al otro no le guste lo que haga. O sea miedo al propio triunfo, o más correctamente: al triunfo de lo propio.

Es parte del desarrollo, que los juicios de las personas relevantes de la infancia se interioricen como ley. Sin embargo, si estos juicios se erigen como mandatos todopoderosos, no hay posibilidad alguna de que el YO pueda satisfacerlos. Ya no es un diálogo interno equilibrado que reconoce el error y aprende de él, sino una autoexigencia imposible que es vivida como un castigo permanente y como una descalificación del sí mismo. Este es el evaluador interno  inmaduro que genera el miedo paralizante, inhibiciones permanentes para huir del castigo interior, que se manifiestan en los síntomas incontrolables del pánico escénico.

¿Cuáles son estos síntomas que activan señales de alarma para incomodarnos a último momento? Irónicamente, el pánico escénico arremete contra aquello que más vamos a necesitar, como la voz, las manos, las piernas. En todos los casos, se manifiesta en el lugar del cuerpo que más afecta la tarea. Esto se produce por una hiperinervación (activación) de las zonas del cuerpo utilizadas, que tiene la paradoja de producir goce en el dolor. Esta activación del organismo puede aparecer tanto antes (ansiedad) como durante (estrés) y su intensidad varía mucho de una persona a otra y también de una situación a otra aun para la misma persona.

Cuando esta activación fisiológica tiene una intensidad adecuada nos permite disponer de capacidades y recursos de inteligencia, de convicción, de observación, de concentración, etc. que nos ayudan y nos encaminan al cumplimiento de la tarea. Sin embargo, esta activación muchas veces es exagerada y produce temblores en las piernas y brazos, y sudoración exagerada, sequedad en la boca,  confusión mental, malestar abdominal, dolores en el pecho o de cabeza, rigidez, incluso parálisis. Estos síntomas, con el tiempo también pueden producir afecciones físicas permanentes, ya que es común encontrar  problemas posturales, contracturas, tendinitis, parálisis o nódulos en las cuerdas vocales. Hay que prestar atención a dichas sensaciones displacenteras, por pequeñas que sean. Son una señal de aviso de que la libido que debería ponerse en la tarea, ha empezado a satisfacerse (dolorosamente) en el síntoma. Ignorarlas, anestesiarlas o menospreciarlas agravará la situación. El miedo ignorado grita cada vez más fuerte para ser escuchado y aparecerán síntomas físicos más complejos y agravados.

Las causas del pánico:

Generalmente, “el salir a escena”, nos remonta a otras escenas que fueron traumáticas en nuestra vida, aunque en su momento no fueron vividas como tales. Esas escenas han quedado reprimidas y la ocasión posibilita que vuelvan a teatralizarse. Son situaciones donde el sujeto se sintió humillado, expuesto, burlado, con miedo, inseguro. Obviamente en esa época el Yo no podía tener control de la situación, por la disparidad de roles con los adultos. Esta información queda gradaba en el cuerpo y en el inconsciente. Cuando se está ante una situación que revive esa situación, el cuerpo re- experimenta las mismas emociones.

Ante el pánico escénico qué hacer: Éxito y fracaso esos grandes embaucadores.

No podemos modificar el pasado. Lo vivido ya fue. Tampoco sirve sobreexigirse en el momento de actuar, ya que sería tirar más leña al fuego. Por ello, la consulta con un profesional es el camino indicado para rastrear las causas del síntoma en el “mientras tanto”. Servirá para ejecutar uno (o varios) ensayos para “recrear” la obra de nuestra vida y cambiar el guión. Todas las familias cuentan con su propia “novela familiar”. Cada sujeto ha sido “nombrado” de determinada manera y ha asumido el rol que la novela familiar dispuso para él. Por ello, el sujeto deberá actuar activamente en la reescritura de dicha novela. Historizar e historizarse para autorizarse en un rol distinto al que le habían deparado los mandatos familiares. Esos roles asignados fueron importantes para el desarrollo, porque asignaron un lugar en el deseo de los padres y en la historia familiar. Pero en la adultez, se vuelven caducos. Sostenerlos implica una poderosa carga que hace “sudar la gota gorda” para estar a la altura de las circunstancias (impuestas por los otros). Escuchar esas voces y confrontarlas con el propio deseo es el camino adecuado para superar las propias inhibiciones. En este proceso es conveniente buscar un “crítico benévolo” para que mire nuestra actuación. Deberán ser críticos constructivos frente a los cuales ensayar nuestra obra, hasta lograr el punto justo en que nos sintamos cómodos con su ejecución.

Por último, no debemos menospreciar la presión de un mandato particular de nuestro tiempo: el éxito a toda costa. Este exitismo es un tirano que redobla las voces superyoicas que se agitan en nuestro interior para hacernos gozar en la impotencia. Cuestionemos pues, éxito y fracaso. Ambos son un todo-todo o todo-nada, pero todo al fin. Por ello,  para la vida, como para el arte, vale la máxima de Van Der Rohe: menos es más  Como sabemos la vida es finita, todo no se puede. Pequeños logros son mejores que “la actuación de mi vida”, donde se juega el todo por el todo. Cantemos con  Joan Manuel Serrat: “uno es sólo lo que es y anda siempre con lo puesto”. Y si “nunca es triste la verdad…”, nuestros síntomas tienen remedio: hagamos con lo puesto el camino para el logro de nuestros deseos más personales. El arte, como el espacio psicoanalítico posibilitan ese lugar creador donde poder ensayar la vida de otra manera.

Lic. Liliana Paz Mendez

Psicóloga-MN 48359

Clínica de Adolescentes y Adultos

Orientación Vocacional y Ocupacional

Acompañamiento terapéutico

Cel/Whatsapp 1559428070

Email: psyche.ar@hotmail.com

Soy Sinceramente tuyo por Joan Manuel Serrat

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