El juego en el adulto. Una actividad para tomarse seriamente

                               

Antonio Berni (Sin título) 1973

 “Allí donde el niño juega, el adulto construye fantasmas”  Sigmund Freud

 

¿Qué entendemos por capacidad lúdica?; Cómo se relacionan capacidad lúdica y creatividad?

El juego en los adultos como esparcimiento, puede ser un modo de resolver problemas en forma creativa y de liberarse del estrés que genera el exceso de preocupaciones; a la vez que permite ser más flexible, enfrentar las situaciones dramáticas con más recursos y relacionarse en forma más relajada.

Jugar es vivir en un mundo imaginario como si fuera real, interpretar otros personajes y atreverse a recuperar el espíritu aventurero y la libertad perdida.

La actitud lúdica amplía la perspectiva de la vida; los niños juegan a ser adultos y los adultos a ser otros y el juego, a ambos, los ayuda a construir subjetividad.

Cuando hablamos de juego, de qué juego hablamos? No se trata de jugar con juegos convencionales, reglados y prediseñados,  sino de jugar con los avatares de lo cotidiano, para lograr un plus: que lo cotidiano se realice como distinto. Esto es, jugar como ensayo informal y creativo, puro invento e improvisación para descubrir nuevos caminos. Es una oportunidad para encontrar  posibilidades inconcebibles, alocadas, que solamente se descubren jugando, cuando se está dispuesto a eludir la lógica. Porque el juego es el permiso que nos podemos dar para atrevernos a recuperar la ingenuidad y la capacidad de asombro de los niños. En el juego podemos actuar libremente y no importa equivocarse porque siempre se puede empezar de nuevo, con el agregado de que el juego es un gran incentivador de la creatividad aplicable a la vida laboral y por qué no a el amor. En definitiva, jugar es una forma de descubrir, en un ámbito más relajado, las capacidades individuales y grupales, es la mejor manera de modificar actitudes, promover vínculos más sólidos y extraer lo mejor de nosotros mismos.

Dime cómo juegas y te diré quien eres…

Juego y personalidad constituyen un binomio inseparable. El juego y sus manifestaciones básicas deben entenderse como una de las actividades más genuinas del ser humano. La persona desde sus primeros pasos actúa constantemente a través del juego, explorando, aprendiendo, conociendo su cuerpo, los objetos que le rodean y el entorno social y cultural en el que vive. El juego entendido como ” mucha recompensa a cambio de tan poco ” no deja de estar presente en las distintas actividades de la vida del la persona. Practicado bajo circunstancias peculiares y entendido de modo distinto en cada etapa de nuestra vida, las propiedades del juego posibilitan que cualquier protagonista que realmente se introduzca en su esencia, al jugar se olvide del entorno serio de su vida cotidiana, comportándose sin máscaras, mostrando su personalidad y los rasgos que lo caracterizan y definen. En este sentido, al hablar de la dimensión psicológica del juego, nos vemos obligados a reconocer la relación que se establece entre juego y personalidad, puesto que la forma de desempeñar una actividad lúdica, lleva el sello propio. Todo sujeto al jugar participa de un modo unipersonal y particular que le distingue de cualquier otro jugador. Desde esta óptica, no hay dos juegos iguales, como en el don pirulero “cada cual atiende su juego”. Este hecho es bastante utilizado en la selección de personal, donde se analiza qué posición toma el candidato en un, p.ej. juego deportivo. No es lo mismo el candidato que elige ir al arco que el que decide tomar el puesto de delantero, cada uno perfila una personalidad distinta. Esto no implica que haya posiciones mejores o peores (a veces las consultoras valoran en demasía los supuestos “liderazgos” de los delanteros), sino que se deberían analizar en función del puesto a ocupar, de manera tal que la persona que desempeñe dicha posición aproveche al máximo sus capacidades. En definitiva cada uno es “líder” en lo que mejor sabe hacer y donde más a gusto se siente.

Juegos que abren, juegos que cierran.

Hay juegos que se “cierran” a la creatividad. Son juegos donde el seguimiento estricto de sus reglas, deja pocas posibilidades a una solución por fuera de la lógica. En general a los adultos se nos permite participar en estos juegos porque son “serios” y digámoslo concretamente, están dentro de las “transgresiones permitidas” porque no subvierten el orden instituido. Otros juegos “abren” a la creatividad, estimulan la utilización del hemisferio derecho y favorecen la dimensión subjetiva humana. Nos permiten “pararnos de cabeza” para mirar la vida desde otro lado. Como forma de expresión y comunicación, son novedosas construcciones grupales. Representan un elemento humanizador, en una sociedad cada vez más agresiva y deshumanizada, dominada por los medios masificadores que promueven el mero entretenimiento acrítico. Los juegos que abren, convierten lo lúdico en proyecto de vida (son actividades permanentes), que ayudan al equilibrio personal, es decir el equilibrio vital, en sus distintos niveles; así como también al equilibrio grupal, porque facilitan la comunicación y la construcción de saberes, afianzando los lazos sociales. La contribución del juego al proyecto de vida, engloba el trabajo para el desarrollo de los diferentes talentos personales, al potenciar las distintas inteligencias, el análisis crítico y el desempeño de roles en forma situacional. Con dichas actividades, se tiende a develar la conciencia de la realidad del ser humano, la conciencia de las cosas y la conciencia de las relaciones con otros, así como la conciencia de la propia vida. El tiempo dedicado al juego y al ocio activo ofrece a las personas vivencias a través de experiencias que aporten alegría y movimientos creativos, y que compensen y estimulen el tiempo de trabajo.

En síntesis: el juego está en una zona transicional intermedia entre la actividad y el dormir y la fantasía. Es fantasía en acto y un punto de encuentro entre el sujeto y los otros. Un espacio distinto, ya que no tiene normas específicas y la creatividad y la espontaneidad están permitidas. Un lugar donde se puede ser uno mismo sin ensimismarse, por el contrario, compartiendo con otros. Un espacio de construcción de subjetividad y comunicación. El adulto que no puede jugar, (al igual que el niño), se enferma. La falta de juego es todo un síntoma de sobreadaptación a los mandatos sociales y de un yo rígido y estereotipado. La buena noticia es que siempre se está a tiempo de construir estos espacios, sólo es cuestión de proponérselo y empezar. Entonces: qué esperamos para empezar a jugar?. Aprovechemos estas vacaciones para desarrollar nuestras capacidades lúdicas y empecemos a tomarnos la vida seriamente pero menos “en serio”.

Lic. Liliana Paz Mendez

Psicóloga-MN 48359

Clínica de Adolescentes y Adultos

Orientación Vocacional y Ocupacional

Acompañamiento terapéutico

Email: psyche.ar@hotmail.com

Cel/Whatsapp 1559428070

 

R.E.M: “Man on the moon”

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