Inconsciente. La marca de lo humano

                           Gustav Klimt: Serpientes Acuáticas

Muchas son las posturas filosóficas respecto de la existencia o no del alma humana. Algunas lo afirman, otras la niegan, sin embargo nadie puede negar la existencia de los fenómenos psíquicos.

Pero entonces qué es la psique?. A qué nos referimos los psicoanalistas con psiquismo?. El objeto de estudio de la psicología, no es el psiquismo sino la conducta humana. Concreta, visible, medible. Sin embargo, el objeto de estudio del psicoanàlisis es el inconsciente. Por qué? Por que no nos interesa la conducta en sí, sino el por qué de dicha conducta, cuando este por qué no tiene una explicación lógica consciente. Grandes cantidades de tinta se han escrito para desacreditar la tarea de los psicoanalistas, en tanto imposible. Es más vulgarmente se denomina “subconsciente” al inconsciente, como si fuera algo misterioso y oculto en vaya a saber uno qué insondable región de nuestro cuerpo.  El inconsciente no està en un lugar físico, muy por el contrario, el inconsciente se muestra permanentemente, es decir existe. Dónde existe?. Existe en cada uno de sus efectos: actos fallidos, sueños, lapsus, chistes. Sólo hace falta reconocerlo. Aún más, está inscripto en el goce de nuestro cuerpo y en el empuje a vivir de nuestro deseo. El inconsciente tiene otra categoría óntica. No es sustancia sensible, no es un neurotransmisor ni una neurona. Es palabra encarnada que insiste en ser escuchada. Y en ese insistir está la búsqueda de ese objeto que causa el deseo, que ex-siste por fuera del yo y a la vez es lo más intimo al yo. Es “cuerpo extraño en mi interior que es ‘en mi más que yo’, que es radicalmente interior y a la vez exterior”, según la definición de Zizek. El inconsciente, como  reza el aforismo lacaniano,  es el discurso del Otro, de ese Otro, de la cultura que inscribe el logos en el cuerpo. La palabra nos viene dada, sin ella no seríamos más que un “cacho de carne”. Nada nos diferenciaría del animal que se mueve acorde al instinto inscripto en sus genes. La palabra mortifica la carne, pero también nos hace libres. Libres porque podemos decidir ser algo más que la genética o los mandatos recibidos. En cada ocasión de aparición de lo imponderable, lo azaroso, podemos decidir cómo pararnos frente a lo que hay. Y hay tantas formas de pararse frente a la vida, como sujetos. Entonces, con el discurso del Otro, los seres humanos podemos construir el propio discurso, hacer escuchar la propia voz/palabra; que es más vos/voz que Yo. El Yo engaña, el deseo inconsciente e indestructible, no. Y esa es la otra dimensión del ex – sistir. El inconsciente es el saber no sabido, que sabe acerca del logos y del deseo. Si, el inconsciente es del orden de un saber, que el sujeto porta pero que ignora.

Decimos entonces que el inconsciente es un saber organizado en una cadena de significantes en acto. Pero qué es un significante?.Un significante es esa palabra privilegiada del propio lenguaje, que no es cualquier palabra, es aquélla palabra que nos resuena. No hay significante sin sujeto y no hay significantes sin un alguien que los escuche y los interprete, no en tanto persona, sino en tanto los significantes del otro le rebotan en sus propios significantes. Y cada interpretación que nos dé el otro es un significante que se inserta en nuestra propia cadena  y  que seguramente nos permitirá salir del atolladero de nuestros síntomas y problemas. Allí está anclada la eficacia de la interpretación psicoanalítica. Es una palabra “que da en el clavo”, que nos permite movilidad y flexibilidad, que nos acerca a ese saber no sabido que es el inconsciente. Es la palabra justa que permite la renovación significante. Sin renovación todo será repetición y fracaso.

Saber sobre ese saber no sabido que es el inconsciente, no es una tarea difícil u obscura, es una tarea que exige coraje. En definitiva construir subjetividad implica “salir de las cómodas posaderas del síntoma y la queja neurótica”, para tenderle la mano al compañero que siempre estuvo allí: nuestro deseo. Como seres humanos, a diferencia de los animales, tenemos libertad para hacer o no algo con ELLO. Como decía Freud: “Allí donde Ello estaba, el Yo debe advenir”.  Advenir como sujeto. Y no cualquier sujeto sujetado a la carne o a los mandatos, ya no más un sujeto sujetado, sino un Hombre sostenido en su deseo.

Lic. Liliana Paz Mendez

Psicóloga-MN 48359

Clínica de Adolescentes y Adultos

Orientación Vocacional y Ocupacional

Acompañamiento terapéutico

Cel/Whatsapp 1559428070

Email: psyche.ar@hotmail.com

Barro tal vez. Luis Alberto Spinetta y Mercedes Sosa

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