Enfermedades Psicosomáticas. Una barrera frente al goce perverso y ajeno al Sujeto

"Las dos Fridas" Frida Kahlo
Las dos Fridas. Frida Kahlo

“El analista puede ser un buen artista, pero a menudo me he hecho la siguiente pregunta: ¿A qué paciente le interesa ser el poema o el cuadro de otra persona?”

Winnicott (1954): “La Regresión en el marco psicoanalítico 

Pronto descubrí el habla. Otro algo dijo¡y lo entendí! Oh la visitación del habla dulce que un labio dice y un oído escucha. Era en principio el verbo, y fue la luz. Por él vi claridad, vi las estrellas, su inescrutable signo palpitando como otros labios sobre mi mejilla. Grité. Y sentí un beso. Y desperté. Era el día. Vicente Alexandre

Ya Hipócrates consideraba el cuerpo con una concepción dinámica que incluía en el soma lo “humoral” y lo espiritual.

Frente a esa concepción vemos avanzar en la medicina actual una orientación materialista y organicista, que piensa al Sujeto como un “paciente”, en el sentido de un individuo que recibe pasivamente una enfermedad que le es dada genéticamente, y sobre el que, supuestamente, la ciencia todopoderosa tiene la palabra final, para curarlo. Este avance cientificista, excluye al sujeto.

Síntoma psicosomático y fenómeno psicosomático

Estas dos nociones, síntoma psicosomático y fenómeno psicosomático, presentan  hoy en día bastante confusión, ya que partimos de la base de que en ambos nos encontramos con un trastorno orgánico en el cuerpo, cuya causa es psíquica.  Dentro del mundo médico la diferencia se diluye y en el mundo psicoanalítico se manifiesta la gran confusión de los conceptos. Tanto el síntoma como el fenómeno psicosomático

ponen de manifiesto que existen en el hombre estas dos dimensiones: por una parte el lenguaje (la psique) y por otra el goce (del cuerpo).

En el animal humano, el cuerpo es algo más que un organismo. Desde que el Sujeto es “hablado” antes de su llegada al mundo (pensemos p.ej. que el Sujeto tiene ya un nombre antes de nacer), el cuerpo es modelado a través del lenguaje. Y precisará además de una imagen, un espejo donde mirarse como humano, para obtener una unidad visual que no tiene en tanto cuerpo conjunto de órganos. Además necesitará de un Otro simbólico, que le confirme que esa imagen es Él, que Él es algo más que una representación mental. El Otro confirma que esa imagen es digna de ser amada como perteneciente a un ser humano único que existe en el mundo. Por lo tanto, el humano necesita de alimento para su carne, pero también necesita de palabras para sobrevivir y poder convivir dentro de las normas sociales de su cultura. El niño-cuerpo-Sujeto, tendrá que recibir, además de alimento,  los significantes que le permitan denotar su pertenencia al contexto familiar y social, a sus ideales o rechazos. Su cuerpo deberá tener, un lugar simbólico (algo más que mera representación), lugar que se perpetuará más allá de su muerte física. Es este narcisismo originario, el que reunirá lo representable con aquella parte del cuerpo que resiste a la significación,  en tanto muerte y sexualidad no pueden simbolizarse. Lo no simbolizable es la parte del cuerpo de puro goce, más allá del principio del placer, a la que Freud llamó “placer en el displacer”.

En los animales salvajes goce y cuerpo coinciden porque no están atravesados por el mundo simbólico. Los animales no pueden hablar sobre su cuerpo, ni percibirlo en tanto unidad. El cuerpo humano se diferencia del animal en que es “cortado” con la cizalla del lenguaje. Basta tomar como ejemplo la ceremonia de circuncisión que realiza el pueblo judío y otras culturas para marcar la pertenencia de ese Sujeto a su pueblo.

En el cuerpo humano el síntoma neurótico resulta una “formación del inconsciente” dado que el inconsciente está inscripto por significantes que atraviesan el cuerpo. Es una “solución de compromiso” entre el placer reprimido por las exigencias sociales y el deseo inconsciente que clama ser puesto en acto. El síntoma como dice Freud, es “la práctica sexual de los enfermos”. El goce en el síntoma, es decir la neurosis, es un goce más allá de la enfermedad corporal. Es evidente que muchos pacientes, perpetúan este goce en su enfermedad, en tanto que les permite obtener la atención de los otros y ser escuchados. De lo contrario su mundo se derrumbaría en la soledad y la insignificancia.

Ahora quiero referirme a los fenómenos psicosomáticos y su diferencia con el síntoma neurótico del que hablábamos anteriormente.

El síntoma es un lenguaje, dice algo acerca de la verdad del deseo inconsciente reprimido. Y como es un lenguaje, se puede acceder a ese saber a través de la asociación libre que propone el dispositivo psicoanalítico en tanto “hacer consciente lo inconsciente”. El síntoma es interpretable. El paciente puede interrogarse sobre su síntoma y asumir su responsabilidad para hacer algo con ello, distinto al goce en el dolor.

Por el contrario, el fenómeno psicosomático no puede ser hablado, es algo del orden pulsional que no puede ser reconducido a cadena lingüística alguna. Obviamente en el síntoma siempre queda un resto de goce pulsional, pero este resto puede ser transformado en un goce enmarcado, un goce no-todo, que pueda expresar algo de la verdad del deseo sin sufrimiento.

La mayoría de los fenómenos psicosomáticos se dan en la superficie que recubre y sostiene la carne: la piel. Además pensemos que sobre esta superficie recae la mirada de los otros. Y también estos fenómenos se dan en algo primordial para la existencia: la respiración. Es decir en algo que antecede al goce sobre su propio cuerpo que realiza el Sujeto. Y aún más, es algo que sucede antes de que haya Sujeto. Algo así como una respuesta sin agente subjetivo, al goce, no ya del Sujeto sino del Otro no simbólico. No hay nada más perverso ni traumático que un goce fuera de todo discurso y además fuera del cuerpo propio. Un goce que traiciona al deseo, ya que está eximido de la ley de la palabra. Entonces el fenómeno psicosomático aparece como barrera al goce traumático primordial, avasallador y disruptivo, que pone en jaque la supervivencia del cachorro humano. Los fenómenos psicosomáticos no son por tanto síntomas, dado que no son productos (formaciones) del inconsciente del Sujeto porque no son elaboraciones psíquicas de la pulsión. El enfermo psicosomático no encuentra su propio goce en la enfermedad. Tal vez podríamos decir que encuentra más que goce, supervivencia. El enfermo psicosomático, es incapaz de pensar su goce; responde con su cuerpo biológico solamente. No puede elaborar psíquicamente esta situación traumática. Es un goce con los órganos, no hay goce subjetivo con el lenguaje. La simbolización del cuerpo imaginario que  se realiza el síntoma, no es la simbolización del cuerpo real que debe hacer el paciente con sus fenómenos psicosomáticos.  Se prescinde del cuerpo pulsional, en tanto cuerpo atravesado por palabras. El fenómeno psicosomático es una lesión en el cuerpo que no tiene etiología médica ni psíquica. Puede controlarse médicamente, pero la medicina no lo cura. La pulsión, frontera entre lo psíquico y lo somático,  se confunde con el soma Es interferencia del cuerpo en el cuerpo, del cuerpo pulsional en el cuerpo biológico y se transforma en una lesión en el cuerpo biológico. Es una marca sin sentido (a-simbólica), desconectada del inconsciente, donde por tanto, la pulsión no puede tomar la vía del retorno de lo reprimido como formación del inconsciente (como en el síntoma), que impediría una lesión en el cuerpo. Por el contrario, en el fenómeno psicosomático el cuerpo “registra” en la lesión (“registro” entendido como percatarse, no como inscripción simbólica),  la huella de un acontecimiento, una marca no simbólica. Marca que por no poder ser procesada por la psiquis es tremendamente traumática. Pero el cuerpo no da cuenta inmediatamente de ese encuentro con lo traumático, es decir no se produce el brote psicosomático  hasta que se topa nuevamente con alguna versión de dicho acontecimiento. Entonces el fenómeno psicosomático tiene la función de “silenciar” el evento (casi como querer olvidar el trauma), a través del mantenimiento de la letra sin sentido, pura huella que no hace cadena simbólica. El fenómeno psicosomático es una señal de un goce imposible de borrar o de ser dicho. No es el Otro del significante el que marca el cuerpo del niño, sino el Otro del cuerpo. Es el cuerpo el que escribe un cuerpo y se transforma en agente, excluyendo al sujeto. Por ello los trastornos psicosomáticos se encuentran mejor situados entre el cuerpo (soma) y los órganos, que entre la psique y el cuerpo.

¿Entonces qué respuesta puede dar el tratamiento psicoanalítico a la letra “iletrada”, sin sentido, pero que también porta cierto saber, del fenómeno psicosomático?. No puede negar este saber. Negarlo sería un intento de control “medicamentoso” que sólo lo cronificaría. Tampoco se puede interpretar, porque no está abierto a otras interpretaciones, tiene la certeza de una huella marcada en el cuerpo. Lo que puede hacer el tratamiento psicoanalítico es conectar ese saber iletrado, con el saber del inconsciente, para que desde allí el Sujeto pueda elaborarlo. Sólo así el Sujeto, como agente, podrá conectar ese goce con un goce subjetivo, para luego acotarlo y poder hacer algo con eso. Elaboración subjetiva, libre y responsable, distinto a la proliferación iletrada, de esa marca ininteligible, traumática y autónoma del sujeto,  que es el fenómeno psicosomático.  Es en este sentido, que cobra dimensión la indicación de Lacan de que para la cura de la enfermedad psicosomática, “el inconsciente, la invención del inconsciente, podría servir para algo”. Tal vez el psicoanálisis pueda también hacer historia de esos acontecimientos ajenos al Sujeto, pero escritos en los órganos de su cuerpo.

Lic. Liliana Paz Mendez

Psicóloga-MN 48359

Clínica de Adolescentes y Adultos

Orientación Vocacional y Ocupacional

Acompañamiento terapéutico

Email: psyche.ar@hotmail.com

Cel 1559428070

 

Les Luthiers: Dolores de mi vida (galopa psicosomática)

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