Patologías narcisistas: el espejo quebrado de la identidad

“Yo me amo, porque me amas tú, a quien yo amo”

El narcisismo impone la dependencia del sujeto a otros semejantes, para que estos confirmen la identidad como ser humano valioso y en condiciones de ser amado. La necesidad del ser humano de vincularse con otros, es  lo que motiva, que en forma consciente o inconsciente en la realidad o en la fantasía, el hombre posea en su mente un modelo de vínculo con por lo menos algún otro semejante. En nuestra sociedad, ser aceptado por otros, es un requisito primordial. Satisfacer la necesidad narcisista primordial (ser amado por otro) implica en última instancia, que el otro que me ama a mí esta pendiente de mis deseos para satisfacerlos. Es feliz si lo logra y sufre si no. Este amor extremo es la absurda pretensión de la estructura narcisista, pero en la normalidad debe modificarse para permitir la convivencia social, es decir se debe ceder algo del propio narcisismo para convivir con otros. El problema se presenta en el narcisista por la dificultad para abandonar algo de sus propias necesidades reviviendo como deseo esa pretensión imposible de ser el centro del universo  y buscando por ello, satisfacción en cualquier objeto sustituto (adicciones). La vida es inseguridad radical, y frente a la incertidumbre, la personalidad narcisista reacciona buscando  remedios que la rescaten y alivien de esta situación.
Sin embargo hay remedios benéficos. Quién no conoce el poder del amor, la solidaridad, la amistad, el arte, el humor, la creatividad frente a los males de la vida!. La cultura moderna globalizada desalienta los remedios de este tipo (amor, solidaridad, creatividad), y desconfía del psicoanálisis por estar comprometido con estos valores; lo considera obsoleto y de baja productividad. En cambio promueve ciertas actitudes narcisísticas que conllevan la pérdida de valores, que degradan la vida, socavan el diálogo, el entendimiento, la amistad, la solidaridad; estimulan la competencia despiadada entre las personas, generan ganadores y perdedores, califican a los individuos en mejores y peores; jerarquizan el “éxito”, de mercado y de medios de comunicación, fomentan la prosecución desenfrenada de poder y de figuración sin reparar en los costos ni en los medios. Promueven que personas busquen la acumulación de dinero en cantidades tales que no podrían ser gastadas en varias vidas, políticos que pretenden perpetuarse en el poder de cualquier manera. Cómo podemos entender estas actitudes, tan exacerbadas en la sociedad actual, sino como la búsqueda omnipotente de seguridad. Ser poderoso o inmensamente rico permite negar la incertidumbre del devenir, es ser como Dios, estar a salvo de toda eventualidad, incluso tal vez de la muerte. Por ello nuestra cultura sobrevalora lo que considera “éxito”. Poder, juventud y fuerza, son los fetiches de la sociedad contemporánea. Los “marginales” se someten al veredicto de la sociedad sintiéndose fracasados, excluidos y deprimidos.
La creencia en la propia excepcionalidad, sirve también para aplacar los fuertes sentimientos de culpa producidos por las tremendas desigualdades sociales; si se tiene mucho más, es porque se merece mucho más, los otros viven así porque quieren.                                                                                                                              La sociedad de hoy es una máquina de generación de sujetos individualistas y narcisistas. Cuando hablamos de  “caracteres narcisísticos” nos referimos a ciertas maneras de ser o de conducirse de ciertas personas que hablan mucho de sí mismas, relatan permanentemente méritos reales o imaginarios, de lo inteligentes que son, de sus éxitos de todo orden; están a la permanente búsqueda de amor y admiración pero sin devolución, no pueden pensar en el otro, ni escuchar al otro, sólo se interesan en sí mismos como si fueran niños a quienes habría que halagar, estimular, reconocer permanentemente. Están a la permanente búsqueda de admiración y/o amor.
La estrategia que implementan estas personas es la de promover el aplauso del que tanto dependen y necesitan. Hablar de sí mismos funciona como la claqué del teatro; se aplauden para promover el aplauso de los demás. Son personas que, no habiendo recibido en la infancia, reconocimiento ni reaseguro de que no están solas, de que son aceptadas, queribles y valiosos, no han logrado seguridad, ni autonomía, ni podido trascender a los primeros objetos. Siguen manteniendo situaciones de dependencia infantil que los llevan a la permanente búsqueda de aprobación, aplauso y reconocimiento por parte de los otros. Su sentido de identidad también está en crisis en diferentes medidas por lo que necesitan permanente reconfirmación.

En síntesis: narcisismo no es exceso de amor (por sí mismo) ni exceso de carga yoica, ni exceso de cuidados por parte del otro. Es todo lo contrario: es déficit.  Esta es la paradoja a la que se enfrenta la personalidad narcisística: amar es fundirse en el otro, para desaparecer como sujeto. Amar es todo y es nada, amar patológicamente es narcisismo de muerte del espejo identitario. El objetivo del psicoanálisis es ayudar al sujeto a obtener una cierta autonomía. Por ello, las herramientas analíticas incluyen la reflexión crítica de las circunstancias socioculturales que mantienen al individuo sujetado revisando las creencias y valores que rigen en una determinada cultura y que le exigen “seguir a la manada para ser alguien”. Si bien la cultura sirve de salvavidas frente a la incertidumbre, aferrarse excesivamente al poder, al dinero y a la mirada del otro,  han servido como droga para ocultar el verdadero objetivo de control social. El psicoanálisis apunta a subvertir el estatus quo, lo que facilita revertir el déficit narcisista.

Lic. Liliana Paz Mendez

Psicóloga-MN 48359

Clínica de Adolescentes y Adultos

Orientación Vocacional y Ocupacional

Acompañamiento terapéutico

Cel/Whatsapp 1559428070

 

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