Fin de año. Despedidas y Reencuentros en la continuidad de nuestras vidas

La metamorfosis de Narciso-Salvador Dalí
La metamorfosis de Narciso-Salvador Dalí

Estimados Lectores:

Hemos transitado un año más en nuestras vidas. Lo empezamos con el firme deseo de honrarlo, viviendo en pos de nuestras utopías. Y en esta encrucijada del cambio de año, recibiremos el nuevo año que se avecina con las mismas banderas de los ideales como faro. Podremos desviarnos temporalmente de nuestro camino, pero nunca del deseo profundo que nos habita. Festejaremos nuestros logros y por qué no también nuestros fracasos que nos compelen a revisar, angustia mediante, cuánto nos hemos extraviado como sujetos-sujetados a los mandatos que nos precedieron. Si finalmente sabemos que éxito y fracaso son dos grandes embusteros, esperamos dejar caer los restos de sus máscaras en el año que se avecina. Porque en definitiva esa es nuestra condición humana: transitar diacrónicamente nuestro tiempo, pero en sincronía con nuestro deseo, despegado de la armadura que por temor construye el ego. Como dice Borges, “El hoy fugaz es tenue y es eterno”, entonces la vida será nuestro canto. Nuestra voz que es voz en tanto Soy, un Hombre en búsqueda del encuentro con su destino. Una voz que relata, da cuenta, de la construcción de la propia historia. Simplemente humanos dando significado a la Vida. Co-creadores y trascendentes, en la memoria y el legado a nuestros herederos.

Les deseo a todos un excelente nuevo año y quiero compartirles este poema de Jorge Luis Borges para recibir el nuevo año, con la esperanza que el deseo motorice siempre nuestros actos. Feliz año nuevo para todos!!!!!!!!!!!!!

El instante

¿Dónde estarán los siglos, dónde el sueño
de espadas que los tártaros soñaron,
dónde los fuertes muros que allanaron,
dónde el Árbol de Adán y el otro Leño?

El presente está solo. La memoria
erige el tiempo. Sucesión y engaño
es la rutina del reloj. El año
no es menos vano que la vana historia.

Entre el alba y la noche hay un abismo
de agonías, de luces, de cuidados;
el rostro que se mira en los gastados

espejos de la noche no es el mismo.
El hoy fugaz es tenue y es eterno;
otro Cielo no esperes, ni otro Infierno.

Lic. Liliana Paz Mendez

Psicóloga UBA-MN 48359

Atención Clínica Adolescentes y Adultos

Orientación Vocacional y Ocupacional

Cel 1559428070

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Jon Bon Jovi-Lea Michele: Have a little Faith in me (Ten un poco de fe en mí) Banda sonora de la película Noche de fin de año (New Year´s eve)

Letra Traducida

Ten un poco de fé (Have a little faith) Bon Jovi

Cuando el camino se vuelva oscuro
Y ya no puedas ver
Deja a mi amor lanzar una chispa
Ten un poco de fé en mí

Y cuando las lágrimas que lloras
Es todo en lo que puedes creer
Dale a estos brazos amorosos una oportunidad cariño
Ten un poco de fé en mí

Ten un poco de fé en mí
Ten un poco de fé en mí
Ten un poco de fé en mí
Ten un poco de fé en mí

Cuando tu corazón secreto
No se pueda hablar tan fácilmente
Desde un comienzo susurra
Para tener un poco de fé en mí

Y cuando tengas la espalda contra la pared
Sólo da la vuelta y verás
Voy a sostener tu caída
Ten un poco de fé en mí

Ten un poco de fé en mí
Ten un poco de fé en mí
Ten un poco de fé en mí
Ten un poco de fé en mí

Solo

Cuando el camino se vuelva oscuro
Y ya no puedas ver
Deja a mi amor lanzar una chispa
Ten un poco de fé en mí

Ten un poco de fé en mí
Ten un poco de fé en mí
Ten un poco de fé en mí
Ten un poco de fé en mí

He estado amandote un tiempo tan largo
Esperando nada a cambio
Sólo para que tengas un poco de fé en mí
Tu sabes el tiempo, el tiempo es nuestro amigo
Espero en tí, voy a levantarte
Tu amor me da la fuerza suficiente

Ten un poco de fe en mí..

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Simplemente amigos?. Cuando el deseo se atraviesa en el camino de la amistad.

Eterna Amistad- Caross Emilio Ramess

Deja salir lo mejor de la situación 
Antes de que me vuelva loco
Por favor, no digas que no encontraremos una manera
Y dime que mi amor no es en vano. 

  “Layla” Eric Clapton. Tema dedicado a la mujer de su  mejor amigo, George Harrison

Existe la amistad deserotizada, en tanto afecto personal puro y desinteresado, tal cual como lo define el diccionario?
¿Existe la amistad entre el hombre y la mujer o entre dos personas del mismo género, sin que se genere atracción sexual?
Sigmund Freud postula que se puede tener amigos gracias a que está reprimida la corriente erótica, tanto homosexual como heterosexual permitiendo de este modo la libre disponibilidad del amor tierno sin interferencias de índole sexual. También Freud distingue entre lo que llama el “amor normal” -Liebe- y la pasión amorosa o enamoramiento -Verliebtheit-, siendo éste un estado en el que la meta sexual normal aparece inalcanzable o de cumplimiento suspendido.
Entonces, la amistad se haya sujeta a los avatares de la represión (que nunca es totalmente exitosa) y de los enamoramientos en los que prima la fantasía, por la imposibilidad real del cumplimiento del deseo. O sea: el deseo siempre mete la cola.

En este panorama, la definición “simplemente amigos” suena más a rótulo que a posibilidad efectiva. Tanto la corriente sensual, como la corriente tierna, movilizan sentimientos, que hacen que una decisión a nivel absolutamente consciente, sea imposible. Es frecuente escuchar decir a uno de los miembros de la relación amistosa, que el otro se confunde. Pero la verdad es que toda relación porta desde el origen, la ambigüedad que genera la confusión. Una de las cosas que más le cuesta al ser humano es identificar sus sentimientos, por eso nos pasamos pidiéndole pruebas al otro sobre sus intenciones para no preguntarnos por las nuestras. Todo el tiempo se escucha: “Un verdadero amigo es:….” como si la amistad existiera más allá de los amigos que la profesan. La amistad debiera ser un sentimiento disfrutable y no una prueba constante de virtudes impolutas y abstractas.
Si la naturaleza misma de la amistad es variable y está constantemente atravesada por los avatares de la relación del deseo propio y del otro, no siempre es sencillo saber cuándo somos sinceros al expresar algún sentimiento. La sinceridad y los sentimientos son dos conceptos de lógicas diferentes: la amistad no se mide, se siente. Yendo aún más lejos, se experimenta un sentimiento que a posteriori se evalúa como amistad u otra cosa.

Volviendo a la pregunta original: ¿es posible desagregar la atracción sexual y entregarse al amor tierno , sin segundas pretensiones que describe Freud?. La respuesta es sí…pero a condición de un acuerdo explícito entre las partes y a condición de la construcción amorosa y comprometida de la relación de amistad. Cada caso es distinto, y estará sujeto a la madurez de los involucrados, quienes con o sin intención darán lugar a distintas formas de amistad. De estos acuerdos, surgirán distintas formas de relación entre las partes. Expondré brevemente los acuerdos más frecuentes.
Amigos de la vida
Son amistades de larga data que se originaron en épocas donde se compartían ideales abstractos acerca de cómo cambiar al mundo. Los miembros de la relación se consideran como hermanos. Esta clase de amistad, entablada tanto con personas de igual o distinto sexo,  facilita poder relacionarse con otros, ya que se habrán identificado los aspectos identitarios de cada género y la forma de poder complementarlos. En estos casos es más difícil (aunque no imposible) que la relación de amistad pueda confundirse con una amorosa, dado que los miembros se interrelacionan  “como hermanos”, introduciendo artificialmente la barrera del incesto. Los lazos de hermandad y los ideales abstractos facilitan además  la desexualización de la corriente sensual y su conversión en corriente tierna dirigida a metas de camaradería. Suelen ser las relaciones de amistad de mayor estabilidad aún a través del tiempo y la distancia.

Amigos con ventajas
Especiales, con beneficios, con derecho a roce, amigovios…, los rótulos  son varios, pero apuntan casi siempre al mismo tipo de acuerdo: una relación amorosa informal con períodos variables de corriente tierna y corriente sensual. La atracción sexual aquí juega un rol clave y es lo que los convierte en amigos ‘con ventaja’. Es una relación altamente conflictiva e inestable, porque la ‘ventaja’ opera a favor de aumentar la confusión o las expectativas de uno de los miembros de la relación. La fecha de vencimiento llega cuando uno de los dos, o ambos, encuentran  una pareja con quien entablar una relación más estable. En otros casos estas relaciones se mantienen a lo largo del tiempo como alternativa a relaciones de pareja rutinarias o como continuación de relaciones de pareja anteriores.

El amigo “muro de los lamentos”
El que siempre está ahí. En las buenas y en las malas (pero sobre todo en las malas). Es capaz de escuchar, contener y aconsejar a su amigo cuando el otro  lo requiera. No pide mucho a cambio y su compañía es incondicional. Por lo general se acude a él en busca de apoyo, como consejero o en momentos de crisis y angustia. Es una relación de entrega asimétrica y el riesgo que se corre es que el amigo “que siempre está”, en realidad esté a la espera de que surja el deseo de la otra parte. Su amistad es sin dudas honesta, incondicional, pero detrás de estas promesas esconde la esperanza de que esa  relación pueda evolucionar a algo más. Es muy difícil mantener esta amistad, ya que ninguno de los dos puede ser honesto con el otro. En otros casos puede ser una estrategia de una de las partes para conquistar a la otra.  De todos modos si el acuerdo es consensuado y cada uno obtiene satisfacción en su rol, las responsabilidades serán compartidas y no tiene por qué ser una relación perjudicial para una de las partes.

El amigo “Plan B”
El límite entre la amistad y la atracción en esta relación es bastante confuso. En general prima la necesidad de combatir la soledad ante la imposibilidad de tener una auténtica relación de pareja. En otros casos, este tipo de relación se da cuando uno o ambos miembros tienen miedo a tomar la decisión de entablar una relación de pareja. En general son relaciones que se asemejan a una comedia de enredos con histeriqueos varios y muchas idas y vueltas en función de los acercamientos y alejamientos de las partes.

El amigo circunstancial
Es el amigo del trabajo, de alguna actividad extra,  del colegio de los hijos, y también en muchos casos el amigo de su amigo(a) con quien se encuentra en reiterados eventos. Algunas veces se da entre amigos y ex parejas que se reencuentran sin intenciones de retomar una amistad más profunda.  Actualmente es uno de los tipos más frecuentes de amistad que se entablan en las redes sociales como facebook. Como bien lo dice su título, las circunstancias de la vida los han juntado en un escenario en particular. Es una amistad parcial, no superficial, pero que abarca un ámbito específico de la vida. Los amigos de este tipo son una excelente forma de relacionarse para salir de la rutina de las actividades cotidianas, además -en el caso particular del trabajo- contribuyen a que exista un mejor clima laboral. En el caso de las redes sociales, puede ser una forma posible para que personas con inhibición social se animen a relacionarse. A veces también es un medio para flirteos que alimentan la fantasía cuando la pareja de uno o ambos miembros se ha vuelto rutinaria. En otros casos puede ser la etapa inicial de conocimiento para luego decidir si se quiere entablar una relación de pareja. También puede operar como pantalla para la infidelidad.

Como vemos, en todos los casos se puede ser amigo hasta que se cruza el deseo. El punto crítico es siempre la posibilidad de poder poner (o no) entre paréntesis lo sexual. Es casi imposible evitar que fantasías y deseos atraviesen la relación, sobre todo cuando otras áreas de la vida de los miembros de la relación, están en crisis. El ser humano, en tanto animal simbólico, no puede desanudar el orden simbólico, del orden sexual, el orden del deseo. Si esto fuera totalmente posible, no estaríamos hablando de las confusiones que se generan en las relaciones de amistad y existiría la posibilidad de la amistad pura y desexualizada. Todos los individuos de la especie, mujer u hombre, estamos en relación con este orden sexual que,  es un orden del deseo y por lo tanto es independiente de la existencia o no de relaciones sexuales en tanto coito. Pero si bien el deseo en su sentido último es sexual,  es en y con el amor el lugar desde donde puede tomar  su significación. Es desde esa resignificación amorosa y no erótica, que la construcción de una amistad fructífera para ambas partes es posible.

Lic. Liliana Paz Mendez

Psicóloga UBA-MN 48359

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Layla. Eric Clapton

Orientación Vocacional y Profesional: reencuentro permanente del Sujeto con su deseo

Cuando llega el final de la adolescencia, muchos jóvenes se plantean qué carrera seguir.

El Nacimiento de Venus-Sandro Botticelli

La mayoría elige “por descarte” entre las carreras que menos les disgustan. Otras veces la elección es en función del “éxito”: se elije aquélla carrera que está de moda y que los referentes sociales muestran como la que ofrece la posibilidad de hacer dinero fácilmente y obtener renombre. En otros casos la decisión se presenta en forma más compulsiva: seguir la tradición familiar o continuar con la profesión que sustenta el negocio de la familia.

Algunos jóvenes se someten a “tests”, a través de profesionales que, batería de tests mediante, le indicarán qué carrera seguir. Algo así como una elección programada por computadora, donde a través de determinados in-puts, se obtendrá como out-put “la carrera” específica para el sujeto.

En todos estos casos, la motivación es siempre externa y como tal, actúa como una droga que puede resultar apaciguante de las ansiedades que representa el cambio en la vida de la persona, pero que luego necesita más dosis de tiempo y esfuerzo para continuar con algo, que en definitiva, no responde al verdadero motor de todo sujeto: su propio deseo.

Una orientación vocacional profesional, siempre debe apuntar al autodescubrimiento por parte del sujeto de su propio deseo. Esto no siempre es una tarea fácil, ya que las presiones sociales, familiares e inclusive de los profesionales que realizan la tarea, pueden obturar este autodescubrimiento. Por ello, la orientación debe pensarse como un proceso, mediante el cual el sujeto pueda ir articulando un proyecto de vida con un proyecto profesional. Si hablamos de proyecto, definitivamente debemos pensar en “proyección” es decir que el sujeto más que pensar conscientemente, pueda imaginar-se, es decir proyectar su propia imagen hacia el futuro de su vida donde se vea reflejado en una persona plena. Este imaginar-se es el verdadero articulador del pasado, presente y futuro del sujeto.

Entonces, si bien el proceso de orientación vocacional y profesional realizado por un psicólogo entraña una cierta estructura y análisis de competencias, gustos y valores del sujeto, este proceso no deberá ser rígido, ya que el sujeto debe hacer un autodescubrimiento, más que toma de decisiones. La toma de decisión, siempre es el corolario de la fase de autodescubrimiento y entraña coraje para vencer el miedo que suscita reconocer su propia diferencia y aceptar que, como en todo en la vida, hay límites que impone la realidad y no hay garantías. Sólo el deseo es el que hace surgir la motivación interna, la única que permite sostener cualquier proyecto, estudio, o actividad que se desee emprender. No hay consejo ni test posible que asegure lo que uno es o desea. Desde este punto de vista, la actividad de orientación vocacional y profesional, puede servir de disparador para iniciar la tarea de subjetivación, tanto del adolescente que debe desprenderse principalmente de los mandatos de los padres de la infancia (mandatos que pueden ser reales o pueden ser imaginarios, en tanto son los padres tal cual los vivenció el niño), como el del adulto que luego de una crisis se replantea sus objetivos de vida.

La pregunta de la infancia “qué querés ser cuando seas grande?”, está siempre cargada del deseo del Otro, de sus propias frustraciones, de sus propios miedos y de su propio desconocimiento. El proceso de orientación vocacional y ocupacional debe entonces transformar esta pregunta en “en qué sumatoria de actos quiero Yo advenir como sujeto?”. Y esta nueva pregunta es lo suficientemente potente y creativa, como para abrir la posibilidad de una construcción de actos infinita, que incluya el azar inmanejable como variable. Es decir, esta es la pregunta-llave para poder hacer algo con “Eso”, lo que nos viene dado y lo que se nos da circunstancialmente a cada momento. Es, en síntesis,  la pregunta-llave que nos abre a un hacer, que nos represente como seres irrepetibles, sostenidos en el motor del propio deseo. Sólo en ese momento, la finitud humana, se convierte en infinitud de vida.

Lic. Liliana Paz Mendez

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Antonio Vivaldi-Las cuatro estaciones-Primavera-Violín Solista Laura Hoyos

La problemática de lo femenino y masculino. Sobre los goces y las sombras

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A cada uno nos toca un cuerpo en suerte. Venimos de fábrica “completos” con un aparato genital masculino o femenino y con una carga genética XX o XY.

Pero sexualidad no es genitalidad. En la sexuación, no estamos completos, y es aquí donde aparece la problemática de lo masculino y lo femenino. Sexuación es un proceso, no necesariamente continuo ni con un final acabado, que remarca el intento de subjetivar el goce en el cuerpo que nos vino dado. Y aún más, este proceso excede el límite biológico, motivo por el cual, toda suerte de “orden natural” para la sexualidad humana, queda excluido. No existe orden natural para el hablante. El lenguaje y la cultura en el humano instauran (por suerte) un desorden natural que posibilita una construcción libre y única de subjetividad que hará cada ser humano. Pensar en un orden natural para los seres hablantes, del tipo “los nenes con las nenas” es algo así como pensar la humanidad en términos de bestias salvajes. Si la problemática sexual se redujese a la decisión de Dios, la moral, las buenas costumbres o los códigos, estaríamos contradiciendo la libertad humana de elección. Además la sexualidad humana se diferencia de los estudios sobre género, que postulan la formación de los mismos como efecto exclusivo del contexto cultural, algo así como un imaginario social sobre la masculinidad y la femineidad que excluye el cuerpo de carne y hueso. Todas estas miradas sobre lo humano, olvidan que la pulsión se constituye en el límite entre lo psíquico y lo somático y que el cuerpo humano es sólo un “cacho de carne” hasta que no hay un deseo del Otro y sus goces concomitantes, que lo humanicen y le den vida y sexualidad (un niño alimentado por una máquina morirá al poco tiempo de  marasmo por falta de contacto con un humano que lo libidinice). La pulsión sexual que sostiene la vitalidad del cuerpo humano se constituye a partir de este primer encuentro entre el grito del cachorro humano y el Otro materno (independientemente de qué persona cumpla este rol) que decodifica este grito y le da un sentido a esa demanda. Pero por más sentido que se le pueda dar a ese grito, el núcleo sexual es fundamentalmente real. El sexo es un exceso en la cultura, no puede ser significado, se halla fuera de sentido. Por eso la sexuación no es biológica ni cultural aunque tampoco es sin biología ni cultura. Es con ellas y algo más. Es imposible definir patrones culturales sobre lo que es ser varón o mujer o lesbiana o travesti u homosexual, transexual, hermafrodita y todos las etiquetas que queramos agregar. Lo mismo del lado de lo biológico: XX, XY, XXY, etc. representan algo, pero no todo acerca de la sexualidad.

Femenino y masculino – Osvaldina Servián de Bulnes

La muerte del mito de la “media naranja

Todos nuestros fantasmas sobre la sexualidad están sostenidos en la creencia de una supuesta complementariedad entre los sexos. Una supuesta y perfecta sexualidad donde un partenaire fuera todo femineidad y otro partenaire fuera toda masculinidad. Una supuesta complementariedad que convierte al acto sexual en acoplamiento, sin dejar el más mínimo intersticio para que se cuele esa diferencia que hace posible el deseo.

Ahora bien, la masculinidad tiene una representación más directa por la vía fálica. Por ello, son los varones quienes se hallan con mayor posibilidad de darle más consistencia a su sexualidad en términos fálicos, debido a la pregnancia imaginaria que tiene el pene como representante del falo. Pero para la mujer, no existe un símbolo complementario del falo para representar su ser femenino. Es aquí donde la problemática de la femineidad se empieza a plantear en los términos a los cuáles arribó Freud, en tanto la feminidad como “dark continent”. Tal vez por ello, por esa falta de símbolo, por esa “oscuridad”, ese otro continente inexplorado de la femineidad, lo hemos perfilado en términos exclusivamente fálicos. Quiero decir con esto, que se ha dado excesivamente valor al falo en términos de pregnancia y nos hemos identificado varones y mujeres, homo y hetero en torno a él, como única salida del atolladero de la falta de un significante que identifique simbólicamente aLa Mujer. Lasalida fálica para la relación sexual que no hay (en tanto apareamiento-complementariedad) ha sido siempre más sencilla, por el rodeo fálico: dinero, poder, hijos, belleza y todo otro valor fálico que cada sociedad construya para permitirnos identificarnos a la pregnancia del todo-Uno. En este punto es lo mismo la mujer madre-madraza, la mujer-ama de casa controladora, la mujer-comehombres, la mujer-nueva amazona-profesional independiente, que el varón-proveedor-ejecutivo, el varón galán-metrosexual o el varón impotente-billetera portentosa. Feminismo y machismo están del mismo lado, así como lo están la lesbiana-dandy y el puto más macho de la cuadra. Todos están del lado del Un Solo Sexo, representado por la vía del falo, el Otro Sexo queda sin representación, excluído.

Es cierto que necesitamos organizar el goce por el rodeo del falo. Pero, toda esta organización va por el lado Homo: un cierto orden, un cierto brillo que permita la atracción del Otro partenaire (sea nuestra elección de objeto hetero u homosexual). Es el lado Homo en el sentido de la “mascarada femenina” (hacer como que se es el falo), o el sentido de la “impostura masculina” (hacer como que se lo tiene al falo). “La mascarada femenina” y “La impostura masculina”, es el juego fálico-Homo que normalmente jugamos, tanto varones como mujeres, heterosexuales u homosexuales.

Repito: se puede ser homosexual o heterosexual, en función de la elección del objeto de amor (mismo genital, distinto genital), pero se goza HOMO en tanto se esté jugando la sexualidad por la organización fálica, organización necesaria para la atracción del partenaire, pero no suficiente para una sexualidad plena.

Pequeñas-Grandes locuras de la Eros 

Mi cuerpo en tus manos-Osvaldina Servian de Bulnes

Existe Otro goce, un goce HETERO (en tanto goce-Otro distinto), un goce que no se fija a la pregnancia fálica (que siempre lleva a los avatares de la “envidia del pene” o a la “amenaza de castración”, es decir a la exclusión o a la pérdida). El goce HETERO no se limita a ser una versión más o menos igual que la masculinidad fálica ni su complemento. El goce sexual HETERO, obliga a romper la lógica fálica de sometedor-sometido, gozador-gozado, proveedor-cuidador, amante-amado. El goce sexual-HETERO, en tanto goce cualitativamente femenino, es un goce loco. Pero que quede claro, digo femenino porque rompe la lógica del Fálico/Castrado, Tener/No Tener. Lo HETERO introduce la diferencia, la disimetría, la no complementariedad, la cualidad distintiva. Y si hay diferencia hay espacio para el deseo, porque uno sólo desea lo que no es o no tiene, no en el sentido anatómico-genital, en el cual somos todos completos (al varón y a la mujer, corporalmente no les falta nada). La cualidad distintiva se vive y se goza, desde la sexualidad y no desde la genitalidad. Desde la sexualidad, todos, hombres y mujeres, heterosexuales y homosexuales, podemos gozar de vez en cuando de la locura femenina del lado HETERO. Porque para el goce-HETERO tener pene no es necesariamente un obstáculo para gozar femeninamente ni tener vagina es una garantía para lograrlo. Lo femenino es la forma particular de vivir cada uno su propia locura. Lo femenino-HETERO atrae al partenaire y produce un verdadero ENCUENTRO que deconstruye la genitalidad y posibilita el deseo. Porque el costado femenino tiene que ver con el lado del Amor, de Eros, de la vitalidad que no se detumece como el falo y que no se puede perder como el poder, la fuerza, la juventud, la belleza o el dinero. Amor en el sentido de reconocer que el otro es UN Otro distinto, que al igual que yo, no sólo tiene los mismos derechos (eso queda del lado de la igualdad fálica) sino que es un Otro, que necesita ser Re-conocido en su lado amable femenino. El Otro al igual que yo, y en tanto distinto a mí, tiene que ser amado en ese valor que lo hace único: su propia locura. Bienvenida entonces un poco de locura, que como el arte, posibilitan el auténtico goce de la vida.

Lic. Liliana Paz Mendez

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David Bowie “Amor Moderno”

Enfermedades Psicosomáticas. Una barrera frente al goce perverso y ajeno al Sujeto

"Las dos Fridas" Frida Kahlo
Las dos Fridas. Frida Kahlo

“El analista puede ser un buen artista, pero a menudo me he hecho la siguiente pregunta: ¿A qué paciente le interesa ser el poema o el cuadro de otra persona?”

Winnicott (1954): “La Regresión en el marco psicoanalítico 

Pronto descubrí el habla. Otro algo dijo¡y lo entendí! Oh la visitación del habla dulce que un labio dice y un oído escucha. Era en principio el verbo, y fue la luz. Por él vi claridad, vi las estrellas, su inescrutable signo palpitando como otros labios sobre mi mejilla. Grité. Y sentí un beso. Y desperté. Era el día. Vicente Alexandre

Ya Hipócrates consideraba el cuerpo con una concepción dinámica que incluía en el soma lo “humoral” y lo espiritual.

Frente a esa concepción vemos avanzar en la medicina actual una orientación materialista y organicista, que piensa al Sujeto como un “paciente”, en el sentido de un individuo que recibe pasivamente una enfermedad que le es dada genéticamente, y sobre el que, supuestamente, la ciencia todopoderosa tiene la palabra final, para curarlo. Este avance cientificista, excluye al sujeto.

Síntoma psicosomático y fenómeno psicosomático

Estas dos nociones, síntoma psicosomático y fenómeno psicosomático, presentan  hoy en día bastante confusión, ya que partimos de la base de que en ambos nos encontramos con un trastorno orgánico en el cuerpo, cuya causa es psíquica.  Dentro del mundo médico la diferencia se diluye y en el mundo psicoanalítico se manifiesta la gran confusión de los conceptos. Tanto el síntoma como el fenómeno psicosomático

ponen de manifiesto que existen en el hombre estas dos dimensiones: por una parte el lenguaje (la psique) y por otra el goce (del cuerpo).

En el animal humano, el cuerpo es algo más que un organismo. Desde que el Sujeto es “hablado” antes de su llegada al mundo (pensemos p.ej. que el Sujeto tiene ya un nombre antes de nacer), el cuerpo es modelado a través del lenguaje. Y precisará además de una imagen, un espejo donde mirarse como humano, para obtener una unidad visual que no tiene en tanto cuerpo conjunto de órganos. Además necesitará de un Otro simbólico, que le confirme que esa imagen es Él, que Él es algo más que una representación mental. El Otro confirma que esa imagen es digna de ser amada como perteneciente a un ser humano único que existe en el mundo. Por lo tanto, el humano necesita de alimento para su carne, pero también necesita de palabras para sobrevivir y poder convivir dentro de las normas sociales de su cultura. El niño-cuerpo-Sujeto, tendrá que recibir, además de alimento,  los significantes que le permitan denotar su pertenencia al contexto familiar y social, a sus ideales o rechazos. Su cuerpo deberá tener, un lugar simbólico (algo más que mera representación), lugar que se perpetuará más allá de su muerte física. Es este narcisismo originario, el que reunirá lo representable con aquella parte del cuerpo que resiste a la significación,  en tanto muerte y sexualidad no pueden simbolizarse. Lo no simbolizable es la parte del cuerpo de puro goce, más allá del principio del placer, a la que Freud llamó “placer en el displacer”.

En los animales salvajes goce y cuerpo coinciden porque no están atravesados por el mundo simbólico. Los animales no pueden hablar sobre su cuerpo, ni percibirlo en tanto unidad. El cuerpo humano se diferencia del animal en que es “cortado” con la cizalla del lenguaje. Basta tomar como ejemplo la ceremonia de circuncisión que realiza el pueblo judío y otras culturas para marcar la pertenencia de ese Sujeto a su pueblo.

En el cuerpo humano el síntoma neurótico resulta una “formación del inconsciente” dado que el inconsciente está inscripto por significantes que atraviesan el cuerpo. Es una “solución de compromiso” entre el placer reprimido por las exigencias sociales y el deseo inconsciente que clama ser puesto en acto. El síntoma como dice Freud, es “la práctica sexual de los enfermos”. El goce en el síntoma, es decir la neurosis, es un goce más allá de la enfermedad corporal. Es evidente que muchos pacientes, perpetúan este goce en su enfermedad, en tanto que les permite obtener la atención de los otros y ser escuchados. De lo contrario su mundo se derrumbaría en la soledad y la insignificancia.

Ahora quiero referirme a los fenómenos psicosomáticos y su diferencia con el síntoma neurótico del que hablábamos anteriormente.

El síntoma es un lenguaje, dice algo acerca de la verdad del deseo inconsciente reprimido. Y como es un lenguaje, se puede acceder a ese saber a través de la asociación libre que propone el dispositivo psicoanalítico en tanto “hacer consciente lo inconsciente”. El síntoma es interpretable. El paciente puede interrogarse sobre su síntoma y asumir su responsabilidad para hacer algo con ello, distinto al goce en el dolor.

Por el contrario, el fenómeno psicosomático no puede ser hablado, es algo del orden pulsional que no puede ser reconducido a cadena lingüística alguna. Obviamente en el síntoma siempre queda un resto de goce pulsional, pero este resto puede ser transformado en un goce enmarcado, un goce no-todo, que pueda expresar algo de la verdad del deseo sin sufrimiento.

La mayoría de los fenómenos psicosomáticos se dan en la superficie que recubre y sostiene la carne: la piel. Además pensemos que sobre esta superficie recae la mirada de los otros. Y también estos fenómenos se dan en algo primordial para la existencia: la respiración. Es decir en algo que antecede al goce sobre su propio cuerpo que realiza el Sujeto. Y aún más, es algo que sucede antes de que haya Sujeto. Algo así como una respuesta sin agente subjetivo, al goce, no ya del Sujeto sino del Otro no simbólico. No hay nada más perverso ni traumático que un goce fuera de todo discurso y además fuera del cuerpo propio. Un goce que traiciona al deseo, ya que está eximido de la ley de la palabra. Entonces el fenómeno psicosomático aparece como barrera al goce traumático primordial, avasallador y disruptivo, que pone en jaque la supervivencia del cachorro humano. Los fenómenos psicosomáticos no son por tanto síntomas, dado que no son productos (formaciones) del inconsciente del Sujeto porque no son elaboraciones psíquicas de la pulsión. El enfermo psicosomático no encuentra su propio goce en la enfermedad. Tal vez podríamos decir que encuentra más que goce, supervivencia. El enfermo psicosomático, es incapaz de pensar su goce; responde con su cuerpo biológico solamente. No puede elaborar psíquicamente esta situación traumática. Es un goce con los órganos, no hay goce subjetivo con el lenguaje. La simbolización del cuerpo imaginario que  se realiza el síntoma, no es la simbolización del cuerpo real que debe hacer el paciente con sus fenómenos psicosomáticos.  Se prescinde del cuerpo pulsional, en tanto cuerpo atravesado por palabras. El fenómeno psicosomático es una lesión en el cuerpo que no tiene etiología médica ni psíquica. Puede controlarse médicamente, pero la medicina no lo cura. La pulsión, frontera entre lo psíquico y lo somático,  se confunde con el soma Es interferencia del cuerpo en el cuerpo, del cuerpo pulsional en el cuerpo biológico y se transforma en una lesión en el cuerpo biológico. Es una marca sin sentido (a-simbólica), desconectada del inconsciente, donde por tanto, la pulsión no puede tomar la vía del retorno de lo reprimido como formación del inconsciente (como en el síntoma), que impediría una lesión en el cuerpo. Por el contrario, en el fenómeno psicosomático el cuerpo “registra” en la lesión (“registro” entendido como percatarse, no como inscripción simbólica),  la huella de un acontecimiento, una marca no simbólica. Marca que por no poder ser procesada por la psiquis es tremendamente traumática. Pero el cuerpo no da cuenta inmediatamente de ese encuentro con lo traumático, es decir no se produce el brote psicosomático  hasta que se topa nuevamente con alguna versión de dicho acontecimiento. Entonces el fenómeno psicosomático tiene la función de “silenciar” el evento (casi como querer olvidar el trauma), a través del mantenimiento de la letra sin sentido, pura huella que no hace cadena simbólica. El fenómeno psicosomático es una señal de un goce imposible de borrar o de ser dicho. No es el Otro del significante el que marca el cuerpo del niño, sino el Otro del cuerpo. Es el cuerpo el que escribe un cuerpo y se transforma en agente, excluyendo al sujeto. Por ello los trastornos psicosomáticos se encuentran mejor situados entre el cuerpo (soma) y los órganos, que entre la psique y el cuerpo.

¿Entonces qué respuesta puede dar el tratamiento psicoanalítico a la letra “iletrada”, sin sentido, pero que también porta cierto saber, del fenómeno psicosomático?. No puede negar este saber. Negarlo sería un intento de control “medicamentoso” que sólo lo cronificaría. Tampoco se puede interpretar, porque no está abierto a otras interpretaciones, tiene la certeza de una huella marcada en el cuerpo. Lo que puede hacer el tratamiento psicoanalítico es conectar ese saber iletrado, con el saber del inconsciente, para que desde allí el Sujeto pueda elaborarlo. Sólo así el Sujeto, como agente, podrá conectar ese goce con un goce subjetivo, para luego acotarlo y poder hacer algo con eso. Elaboración subjetiva, libre y responsable, distinto a la proliferación iletrada, de esa marca ininteligible, traumática y autónoma del sujeto,  que es el fenómeno psicosomático.  Es en este sentido, que cobra dimensión la indicación de Lacan de que para la cura de la enfermedad psicosomática, “el inconsciente, la invención del inconsciente, podría servir para algo”. Tal vez el psicoanálisis pueda también hacer historia de esos acontecimientos ajenos al Sujeto, pero escritos en los órganos de su cuerpo.

Lic. Liliana Paz Mendez

Psicóloga-MN 48359

Clínica de Adolescentes y Adultos

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Les Luthiers: Dolores de mi vida (galopa psicosomática)

(Mal) Estando en la cultura y narcisismo de muerte

Lágrima de diamante. Pintura de la Psicoanalista y artista plástica  argentina Elizabeth Chiavo, tempranamente fallecida. Lágrima de diamante. Pintura de la Psicoanalista y artista                           plástica argentina Elizabeth Chiavo, tempranamente fallecida.


                                             “Mejor pues es que renuncie quien no puede unir a su horizonte la subjetividad de su época” Jacques Lacan, Escritos I, 1980.

                                           “Cada hombre es lo que hace con lo que hicieron de él” Jean Paul Sartre

(Este artículo está dedicado a Eli, quien me enseñó el valor de la libertad y la vida)

En la sociedad postmoderna se presenta una exacerbación de lo que ya, con su genial anticipación, escribiera Freud, en el texto “El malestar en la cultura”.

Voy a ilustrarlo con un ejemplo:

A fines de Abril de 2012 apareció un artículo en el diario Clarín sobre el narcisismo, donde fui citada, aunque lamentablemente fuera de contexto, lo que hizo de la noticia un reflejo del pensamiento neoliberal acerca del “narcisismo”. En este artículo se ponía de relieve el exceso de individualismo, la cultura de la belleza y la juventud y la productividad a la que se nos empujaba. Sin embargo se presentaba al narcisismo como si fuera la enfermedad del sujeto a la que supuestamente los psicólogos debiéramos intervenir para curar a estos “individuos narcisistas”. El artículo no daba cuenta que, es la sociedad la que fomenta determinado malestar para el sujeto, para alienarlo y convertirlo en un “esclavo moderno” al servicio de pequeños grupos de poder. Entonces, siguiendo esta lógica, el narcisismo (entendido como individualismo) es un desvío de la normalidad que puede y debe ser “curado”.

En realidad el (mal) estar en la cultura es estructural, es decir, constitutivo de lo humano, dado que todos los hombres para vivir en sociedad, deben ceder algo de su narcisismo (entendido como la búsqueda del bien para sí mismo) en pos de la generación de lazos sociales y la búsqueda de un bien común. Sin embargo, el discurso de la homogeneización llamado también “globalización”, tiene un efecto directo que borramiento de TODA singularidad. Ya no se cede una parte de narcisismo para realizar un “contrato social”. Se cede TODO el sujeto a favor de los intereses de un sistema del cual son beneficiarios unos pocos. Y este proceso de desubjetivación, toma nuevas vestiduras y ropajes para hacerse decir en cada época y será tarea de los psicoanalistas hacerlo hablar en su particularidad, ya que es una expresión de lo que Lacan denominó  “la subjetividad de la época”.

Entonces la subjetividad hoy muestra una marcada decepción; el escepticismo, la falta de sentido de la vida, la búsqueda de satisfacciones inmediatas, la necesidad de obtener respuestas rápidas, son la resultante de (con) vivir en esta cultura. La angustia resultante es invasiva y aniquilante en lugar de un monto de angustia que opere como motor del deseo. La secuela es un narcisismo al que podríamos llamar “de muerte” porque destruye el deseo por la vida.

Hoy es la sociedad del  TODO, todo parece poder mostrarse abiertamente y sin palabra que lo procese (especialmente sexo y muerte en imágenes descarnadas) todo parece posible de curar y de enfrentar, de la forma más rápida y light posibles. En lugar de la represión sexual que operaba sobre la sociedad en la que vivió Freud, tenemos la represión TODA del sujeto, es decir su supresión. Por ello los lazos sociales con el otro se caracterizan por la violencia y el atropello de un discurso que no reconoce ni respeta la subjetividad. Lejos de ello, la convivencia queda desenlazada del amor, del auténtico “narcisismo de vida” que le permite al hombre construir su subjetividad. Como consecuencia, se acrecientan los sentimientos de soledad, desesperanza y el apetito de éxito económico-social y estético, que se articulan a una ética capitalista, despojada del respeto por lo humano, oculta el borramiento del sujeto.

El Psicoanálisis en este sentido tiene una ética anticapitalista, porque apuesta a la posibilidad de hacer hablar la diferencia para que el sujeto escuche lo que tiene de singular, para hacerse cargo de aquello en lo que no se encuentra como objeto de la masa. Escuchar la verdad del inconsciente es cultivar las diferencias para que una vida se vuelva digna, en acuerdo con el deseo enmarcado en la ley de la cultura. Y hablar de ley, es hablar de tomar consciencia de que NO TODO se puede. Dentro de esos límites, la angustia se encauza como motor de la vida.

Como plantea Sartre, el ser humano es siempre un pro-yecto que se realiza en sus acciones, en sus decisiones y en sus elecciones, en la imagen que construye sobre sí mismo y sobre lo que pro-yecta de su propia vida. Proyecto condenado a ser libre ya que el ser humano es una posibilidad que se abre en la condición de su existir, que se despliega y se manifiesta en el ejercicio de la libertad. Lo humano se expresa en los proyectos arrojados a la existencia sin ser determinados por un otro superior, sino por el accionar mismo de su forma particular de existir. El hombre es, por lo tanto, lo que hace. La responsabilidad que le cabe por sus acciones es radical y estructurante, ya que es y existe a partir de sus elecciones y de sus propias limitaciones. Desafío de encontrar en lo humano una posibilidad de ser (en acto) entre muchas, esa posible combinación de decisiones y elecciones que se despliegan en la acción.

Quisiera cerrar con la frase de Sartre del epígrafe: “Cada hombre es lo que hace con lo que hicieron de él”. La cuestión es: estaremos dispuestos a luchar por hacer lo que somos? Porque sólo eligiendo el hombre se elige y (re) crea a sí mismo. Esa es la más maravillosa esclavitud: la libertad de elegirse a sí mismo, de ella no podemos escaparnos ni desresponsabilizarnos. Porque en el inicio somos una nada y del más allá nada sabemos. “La libertad es el fundamento del ser” porque el hombre es una nada arrojada a sus proyectos. Deberemos entonces crear espacios de circulación de la palabra y de creación y recreación de los lazos sociales, para que cada cual invente su esencia, su existencia-proyecto. No hay más, pero tampoco menos, la dignidad que reclama la vida sólo puedo producirla siendo en acto (exis-tiendo) en el encuentro con el otro.

Lic. Liliana Paz Mendez

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“Llegaremos a tiempo” por Rosana

La pérdida de la individualidad en la pareja. El deseo ahogado

En el estado de enamoramiento, lo que une a la pareja es una fantasía vincular inconsciente, con una ilusión de completud que en última instancia se dirige a negar la ausencia, la falta y la carencia.

Se denomina colusión a esta fantasía inconsciente que constituye un acuerdo (no sabido) entre ambos cónyuges. Este acuerdo tiende a estereotipar los roles y de allí que la relación se vuelve patológica. Se perpetúa el estado inicial de enamoramiento, que sostiene a la pareja unida, aunque cada uno de los cónyuges ahora padezca la relación.

Por el contrario, una pareja enriquecedora logra que la díada se deslinde con claridad respecto al exterior y entre sí, y los cónyuges se perciben como pareja, pero a la vez son capaces de exigirse espacio y tiempo propios, respetando los límites entre ellos. Los límites no son rígidos ni impenetrables . Cada miembro de la pareja puede alternar su posición entre la posición regresiva (sumisión a la espera de satisfacción de necesidades y cuidado) y la posición progresiva (conductor de la situación y suministro de cuidados), según la situación lo amerite y acorde a sus propias fortalezas.

Juegos de pareja:

Cada contrato matrimonial inconsciente (colusión), puede ser considerado como un juego que la pareja repite una y otra vez durante una relación neurótica, sin la posibilidad de improvisar nuevas formas de relacionarse e intercambiar roles. Este comportamiento produce una relación simbiótica, que puede fracasar en situaciones de crisis, cuando la colusión deja de ser instrumental. No todo conflicto matrimonial es una colusión, pero todo conflicto puede degenerar en un intento de solución irracional al convertirse en una colusión neurótica por su carácter de defensa.

Se observan teóricamente cuatro tipos de juegos, aunque en la realidad práctica de cada pareja pueda haber variaciones y combinaciones

Almas gemelas: juego predominantemente narcisista,  busca establecer un pacto en donde la relación favorezca que el narcisista complementario con su deficiente sentimiento de sí mismo, encuentre en el cónyuge un sustituto idealizado-salvador. El narcisista-salvador, por su lado, halla en esta idealización un sentimiento positivo de estima con el cual compensar sus experiencias infantiles. Se consigue así la fantasía de la “armonía en la fusión”. Este juego es producto de la personalidad narcisista insegura, egoista, en permanente búsqueda de éxito, la cual se articula con los mandatos de nuestra cultura hoy. Buscan conservar la “perfecta armonía” y a la vez se hallan en una posición paranoica, desconfían del amor por temor a ser defraudados. Se sienten fuera del mundo, con la sensación de un vacío permanente (tengo de todo y no soy feliz), lo cual compensan con actividades hipomaníacas y entablando continuamente relaciones sociales. Se miente al compañero para evitarle (y evitarse) cualquier desvío respecto del ideal. En el pasado infantil el narcisista se enfrentó a la paradoja de que sólo podría ser “Yo mismo si me porto conforme a la imagen de mí mismo que tiene mis padres”.  En este juego existen diversos grados. Desde una pareja fantaseada (especular) donde la pareja es idéntica a la imagen de sí mismo. Pasando por la degradación del amor, en el sentido de relaciones superficiales e intensas y pasajeras, a veces con prostitutas donde no se llega al encuentro interhumano y sólo se satisfacen las propias necesidades. Finalmente encontramos el tipo “Yo mando”. Es una relación donde se le exige al objeto de amor que esté totalmente “pendiente del amo”.  Para el cónyuge que se entrega, los logros del otro son sus propios logros. Pero, al fundirse con el narcisista paradójicamente ejerce un fuerte control sobre él.

Sí cariño. En este pacto se realiza la fantasía de que uno como “madre” debe cuidar al “niño desamparado”. En la primera infancia, la satisfacción de las necesidades de estos sujetos oscilaron entre una atención desmesurada y una frustración incomprensible  Como consecuencia de esta relación filial infantil, estas personas sufren una fuerte baja de autoestima, se resignan y se vuelven pasivos ante cualquier actividad y a la vez se desprecian. Tienen una actitud de exigencia hacia el  consorte, que puede producir un efecto castrador en éste ya que no podrá cumplir las expectativas de satisfacción de las necesidades de su pareja. Por un lado exigirá que su partenaire satisfaga sus necesidades ilimitadamente y por el otro temerá la dependencia. Aparecerá así el odio hacia el compañero. El otro consorte “fracasará” en este juego. Le reprochará a su pareja,  todo lo que por amor a él ha sacrificado, esperando reconocimiento. En algunos casos  ambos cónyuges desean estar en la misma posición (o dominador o dominado). En estos casos el conflicto se dirimirá colocando a un tercero (p.ej. un hijo)  en la posición de enfermo o de salvador.

 

Hagamos la guerra  (o el amor como lucha por el poder). En este pacto inconsciente, los cónyuges buscan saciar sus necesidades de dominio. En su vida infantil, fueron sujetos sometidos a padres exigentes, que los hicieron temer por la pérdida del amor si no controlan la situación. Por ello la persona quedó condicionada a ciertas técnicas de lucha que luego trasladará a su vida matrimonial. Este pacto puede presentarse con dos tipos de roles: falso-pasivo y activo. En el formato falso-pasivo pueden someter al otro con su aparente pasividad y terquedad,  permaneciendo en silencio o mintiendo para no otorgar el control. Se comportan regresivamente respecto al cónyuge. Dejan todo en manos del otro, pero a diferencia del carácter de sometimiento del juego “sí cariño”, el objetivo es intentar dominar al otro, porque el carácter pasivo sólo es una apariencia, en todo se cede sin convicción y siempre aparece la crítica. Generalmente buscan controlar al cónyuge con el control de los gastos familiares o bien recurriendo a relaciones extramatrimoniales ocultas. Huyen de las pretensiones de aseo del consorte por medio de los olvidos y torpezas En las formas activas será el sujeto ávido de poder y predominantemente sádico que buscará lograr su autonomía a través de la dependencia del cónyuge y las agresiones. En la pareja manifiestan el deseo de poseer y manejar todo lo material y el saber (controlar todo lo que su pareja piensa y siente). Predomina el amor al orden, la minuciosidad, el afán de ahorro, siempre al servicio del ejercicio del poder. El ataque continuo es exteriorización del miedo a someterse al otro. Por ello es infrecuente que aparezcan tendencias de amor restauradoras de la relación. En este caso la lucha por el poder convierte a la relación en una relación simétrica (a diferencia de la colusión Almas Gemelas, en la que es complementaria). La lucha por el poder también se exterioriza en el plano sexual. Se conforma una especie de “ritual de amor”. Las escenas de combate conducen directamente a relaciones sexuales. También puede aparecer el juego mutuo de celos-infidelidad. Uno de los cónyuges representa su autonomía por medio de una relación extraconyugal obligando al consorte a ponerse a la defensiva y a mantener la estabilidad a la relación..

 

Qué si, qué no: Esta colusión es el prototipo de matrimonio histérico. El carácter histérico es veleidoso y superficial en sus relaciones emocionales. Las escenas que dramatizan les permiten compensar el sentimiento de vacío interior y proyectar sus conflictos fuera de sí mismos. Manipulan el entorno mostrándose débiles, enfermos y en algunos casos con amenazas de suicidio. Temen al contacto íntimo por miedo a entregarse o a ser dominados. Necesitan un consorte absolutamente confiable y que se dedique enteramente, sin que pueda ser peligroso en términos de dominio. El partenaire histerófilo, se relaciona en su niñez con cuidadores dominantes. Para poder sustituir la pérdida del rol materno, sienten la necesidad de tratar a su pareja como quisieran que sus cuidadores los hubieran tratado a ellos, sacrificándose en el matrimonio para lograr el aprecio de la familia. A diferencia de la mujer histérica, el hombre histerófilo se exhibe a través de su mujer (la ve como única, irrepetible). El hombre se ve llamado a salvar a su mujer de sus complicaciones y necesidades, de esta manera se garantiza la constante entrega de afecto. La mujer intenta al principio superar la sensación de inferioridad femenina identificándose con su marido. El marido se identifica con la imagen que su mujer proyecta sobre él (ayuda materna y noble caballero). La histérica fomenta las proyecciones pero conserva siempre el control de la situación de modo tal que el marido no logre un valor superior. A la larga a la mujer histérica no le sirve la identificación con su marido ya que por un lado le gustaría un marido potente pero por el otro no puede soportarlo. El conflicto puede desencadenarse cuando el crecimiento de la propia estima del marido, provoque paralelamente una primitiva necesidad de protección infantil. La mujer rechazará estas aspiraciones ya que no quiere asumir responsabilidades maternas respecto de su marido. Aparecerá desprecio hacia el marido por su debilidad. Generalmente la histérica intentará “activar” a su marido insultándolo en público, con reacciones de celos y amenazándolo. Se desarrollará un círculo vicioso donde la mujer se quejará de la falta de temperamento del varón y el varón se parapetará en su posición de santo y mártir

Se acabó el juego. Y si nos damos un recreo?

Estos juegos neuróticos sólo se resuelven cuando las parejas deciden realizar otro contrato, esta vez consciente, luego de haber hecho conscientes sus colusiones. La otra forma en que terminan (dolorosamente) es con el divorcio, pero si cada cónyuge no revisa el juego que jugó con su ex pareja,  lo más probable es que lo repita con otro partenaire.

El amor dentro de una relación saludable, sólo se puede constituir cuando se abandonan las expectativas inconscientes respecto del otro y la esperanza ilusoria de que el otro se atenga al guión de personaje-partenaire que le da sentido al propio personaje. Crecer, subjetivarse implica  reconocer al otro como un legítimo “otro” en la convivencia. Forjarse expectativas imposibles de ser satisfechas por la pareja, determina un vínculo patológico capaz de destruir la vida de cada uno de los cónyuges en lugar de la construcción amorosa del “nosotros”.  La construcción amorosa del nosotros en cambio, implica la puesta en juego del propio deseo vía un trabajo previo de descubrimiento individual, que sólo se pone en juego con otro deseo que realizó el mismo camino individual, para construir un “entre-dos” que evite el “ahoga-dos” de los juegos inconscientes.

Lic. Liliana Paz Mendez

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Monólogo: El matrimonio es el suicidio del amor? Actor Esteban Pecoche