La verdadera supervisión analítica está muy lejos de colocar al analista en “el banquillo de los acusados”. No es control.

Es construcción de conocimientos. Es un hacer clínica de la clínica

A continuación esbozo algunas ideas sobre el proceso de supervisión en psicoanálisis, que reflejan mi postura como supervisora.

Licenciada Liliana Paz Mendez

Email: psyche.ar@hotmail.com

Cel/Whatsapp 1559428070

Pensando el Proceso de Supervisión en Psicoanálisis

 

Las funciones de supervisión son múltiples y complejas, pero, dado que “el analista se autoriza a sí mismo”, en ningún momento debe adscribirse la función de supervisar a su analizando,  ni analizar a su supervisando así como tampoco analizar las contratransferencias de éste. Esto implicaría añadirle un “imposible” a la experiencia analítica, ya que el acto analítico ya sucedió y por lo tanto no puede cambiarse. Adicionalmente ningún supervisor podría señalar cuál es la experiencia transferencial correcta para cada caso. El análisis constituye un tejido entre “dos” donde el analista escucha el inconsciente de su paciente a la manera, como decía Freud, de un “auricular” que amplifica los significantes prevalentes para abrir a nuevas preguntas que posibiliten el trabajo permanente del inconsciente de su paciente y su involucramiento  subjetivo.

Supervisar implica, acompañar a un analista a desarrollar su capacidad analítica, a través de un proceso de investigación post-sesión de lo que ha ocurrido durante la sesión analítica intra-sesión.

La Situación de Supervisión debe poder crear un Encuadre específico de la Supervisión que es diferente al del análisis personal y que permita investigar, fundamentalmente, el Proceso Analítico que lleva a cabo el supervisando con su analizando. Para ello, el supervisor debería intentar ubicarse en la actitud que Bion (1970) llamó “sin memoria ni deseo”, basándose en la noción de “capacidad negativa”, tomada del poeta Keats,  la cual se logra cuando “se es capaz de permanecer en la incertidumbre, el misterio y la duda, sin impacientarse por alcanzar hechos ni razones…”.  Esta actitud se basa en lo que Freud denominó la atención flotante.  Ello significa no dejarse influir por los conocimientos previos, sean teóricos o teórico-técnicos, “ni por los juicios apriorísticos que contaminarían la frescura y originalidad de lo que está ocurriendo en el aquí y ahora de la Supervisión  (Grinberg, L.: 1975). Se debe remarcar que el efecto que producen las formaciones del inconsciente activadas, es el “efecto sorpresa”, la cual no puede ser programada de antemano.

Lo que se busca en la Supervisión es  descubrir la teoría y el método que desde el analizando se edita de un modo original en ese “aquí y ahora” con su analista.  Esto es lo que podría conducir a la “enseñanza verdadera” que “no cesa de someterse a lo que se llama innovación” (Lacán: 1971). El dispositivo analítico apunta a un efecto creativo en un contexto de descubrimiento del saber inconsciente “no sabido”.

Relación con el supervisando

Como decía Freud (1937), “no puede pedirse, es evidente, que el futuro analista sea un ser perfecto antes de empeñarse en el análisis…” y mas adelante agrega que es el propio análisis donde empieza su preparación como futuro analista y que tal análisis debe ser breve e incompleto.  Con ello estaba Freud refiriéndose a la capacidad de tolerar la incompletud como una marca inherente al análisis en tanto es el sitio original en el cual se registran las insuficiencias del análisis mismo entendidas no como déficit, sino como proceso de construcción permanente de saber.

Cuando estos factores son los que predominan, las tensiones que se suceden durante el proceso de la supervisión son las mínimas tanto para el supervisando como para el supervisor.  Las sesiones de supervisión pasan a ser predominantemente una reedición ampliada de la sesión analítica original que nos presenta el supervisando.  Es una re-escenificación. Pero a diferencia de la escenificación original entre el candidato y su analizando, el supervisor está menos comprometido emocionalmente y puede colocarse, en general, en  un punto equidistante frente a esa relación como un observador no participante activo de ese proceso. Desde esa posición, además de observar, escucha todo lo que acontece entre el candidato y su caso, pero también lo que ocurre en su relación con el supervisando y en la de éste con la Supervisión. Así, por ej., nos encontramos que muchas veces el supervisando trae comentarios, al comienzo de la hora de supervisión, que aparentemente son casuales y que pueden referirse, o no, al caso que supervisa, o a otras sesiones diferentes a las que tenía como propósito supervisar. Eso nos ha demostrado muchas veces, desde que estábamos en nuestros inicios de aprendices, hasta ahora, algo mas experimentados, que tales comentarios funcionarán como asociaciones libres relacionadas indirectamente con el material que se trae a supervisar, de lo cual el candidato es totalmente inconsciente. Puede reconocerlo cuando se lo hacemos ver en relación al material del paciente, lo que conduce luego a la acotación de nuevos elementos que amplían la corroboración de las explicaciones que habíamos asomado. Es conveniente aclarar en esos momentos los indicadores que habíamos reunido para colegir nuestras construcciones explicativas y así, de paso, borrar la idea que pudiese formarse en la mente del supervisando de que estamos en posesión de un pensamiento omnipotente capaz de adivinar lo que ocurre en el paciente con unas pocas palabras que nos haya suministrado acerca del mismo.  Si no damos las explicaciones técnicas en que basamos nuestras hipótesis, corremos el riesgo de generar sentimientos de idealización y persecusión que en nada contribuye a la creación de una identidad analítica propia, lo cual debería ser el objetivo del entrenamiento psicoanalítico.

Una de las maneras de resguardar la autoestima del supervisando tiene que ver con lo atinente a la formulación de las interpretaciones. Esto representa uno de los puntos críticos en la medida que  el candidato aspira a formular siempre la interpretación precisa y completa que abarque los niveles: tópico o de contenido, dinámico o de resistencias y defensas y económico relativo al afecto emergente. También la completud la podemos buscar tratando de abarcar las tres áreas del conflicto, es decir: actual transferencial, extratransferencial y el histórico. Tal aspiración de completud implica, en si misma, estar en falta ya que, como dice H. Etchegoyen (1986), “ningún esquema puede abarcar la variedad infinita de la experiencia del consultorio”.

Si podemos trasmitir al analista nuestra tolerancia al pasaje por el reconocimiento de lo que nos falta, la herida narcisística que surge como consecuencia de poder acompañarlo a encontrarse con sus faltas, se hará menos dolorosa y se podrá dialogar mas en la supervisión en torno a las posibilidades técnicas de abordaje del material asociativo. Una de las maneras en que se puede observar el dolor por la falta de completud es la de formular interpretaciones intelectualizadas, ante las asociaciones del paciente, lo cual evidencia una comprensión del vínculo analítico solo a nivel intelectual pero con un congelamiento de los elementos afectivos presentes en el mismo (Lacan insistía con “no comprender”). Otra forma de expresarse dicho dolor es cuando nos solicitan que le mostremos cómo hubiésemos formulado nosotros la interpretación de un material asociativo determinado, ante lo cual debemos responder que no se trata de lo que nosotros hubiésemos interpretado, porque la situación es muy diferente estando nosotros como analistas que en la actual posición de Supervisores, que lo que se trata es de  ver lo que él hizo, cómo lo hizo y por qué lo hizo y testear los resultados de lo realizado a través de las respuestas del paciente, que serán los indicadores de si se abrieron o ampliaron las asociaciones, si disminuyeron las defensas y las resistencias, si se hizo mas permeable al encuentro con los afectos. Sería un error, como lo dice L. Grimberg (1975), que el Supervisor se preste a que copien o imiten lo que corresponde a su estilo personal

Si el logro de una identidad psicoanalítica propia se ve perturbada, pueden surgir, o incrementarse, tendencias narcisísticas, sentimientos de rivalidad, o de envidia, hacia las figuras de autoridad vivenciadas coma idealizadas o persecutorias, así como también aparecerían necesidades de adherencia a ciertos puntos de vista, o tendencias teóricas consideradas como “elitistas” o la “teoría ideal” (Tomas, P. de 1983), a las cuales el candidato se somete.

Otro de los aspectos a ser considerados en la Situación de Supervisión es el relativo a la comprensión y manejo de los aspectos transferenciales-contratransferenciales que se presentan en los diferentes escenarios. Algunos corresponden a situaciones específicas de la relación del candidato y su paciente, sin que el primero esté comprometido emocionalmente más allá de lo que indique su inexperiencia. Otras dificultades entre el candidato y su paciente pueden surgir, en cambio, debido a los problemas personales no resueltos del candidato, los cuales pueden tener un efecto invalidante, temporal o permanente, para el ejercicio de la función analítica. En relación a este último tipo de dificultades, en las cuales el candidato presenta serios trastornos de carácter, además de otros rasgos tales como la incapacidad de contactar con las transferencias eróticas y agresivas, o para mantener la cercanía o distancia emocional con sus analizandos en un nivel que permita la investigación objetiva de las subjetividades en juego, hay que diferenciar si tales dificultades en las relaciones transferenciales-contratransferenciales son permanentes, han estado siempre allí interfiriendo la capacidad de abordar analíticamente a sus pacientes, o, por el contrario, ha mostrado en otros momentos capacidad analítica, y de lo que se trata es de una crisis que podría pasar y recobrar entonces dicha capacidad. Cuando es algo permanente no quedaría mas caso que hablarle francamente al supervisando acerca de sus dificultades de ubicarse como analista. Sin embargo, cuando es una crisis aguda y no una situación permanente, el supervisor le aconsejará abordar el problema contratransferencial con su analista. Aunque también hay otros supervisores que plantean, tal como lo señala Eskelinen de Folch (1980), que dicha crisis sea tratada terapéuticamente por el supervisor. Otros autores sugieren establecer una comunicación entre el supervisor y el analista, con la anuencia del candidato, a fin de discutir la situación contratransferencial. Personalmente pienso que en ningún momento el supervisor debe inmiscuirse en analizar las contratransferencias de su supervisando y mucho menos discutirlas con el analista del mismo. En todo caso, podría sugerirle que lo lleve a su análisis. Además debe discutir las ventajas técnicas de analizar las transferencias negativas  pues al hacerlo disminuye la persecución del analizando. Su abordaje contribuye a aminorar las ansiedades persecutorias además de favorecer la disminución de la omnipotencia del candidato al comprobar que se pueden  tolerar tales tendencias destructivas.

Aceptar la existencia de la contratransferencia, que denuncia en si misma la existencia de lo inconsciente, es aceptar la imperfección del analista; es aceptar que hay en nosotros algo que falta por conocer y que por tanto deseamos conocer, ya que el análisis es en si mismo interminable e incompleto aunque tenga un fin.

También podemos observar en la relación con los supervisandos una serie de reacciones que, como dice Grinberg (1975), son normales frente a la ansiedad persecutoria que despierta la supervisión y que dependen predominantemente de la estructura psíquica de cada candidato. En tales situaciones el supervisor puede instrumentar medidas técnicas específicas dentro de la supervisión, señalando lo que dentro del estilo personal del candidato es inconveniente para su relación con el analizando y cómo debe modificarlo. Por ej., ante un candidato obsesivo que hace largas, racionalizadas e intelectualizadas interpretaciones, además de mostrárselo, hacerle realizar un ejercicio donde formule lo mismo de modo más conciso y con mayor contacto emocional. También se les puede pedir que en lugar de traer el material de las sesiones siempre detalladamente reproducidas, no recurra a las notas y nos relaten lo sucedido en las sesiones.

Consideraciones finales a manera de síntesis

Al explorar las relaciones del supervisor con el marco teórico de referencia definimos lo que entendemos por supervisar ligado al concepto de investigación post-sesión de la investigación intra-sesión que es la que realiza el supervisando. Dicha investigación, a la vez que permite conocer más acerca del Encuadre y del Proceso de Supervisión, también permite poner en suspensión los conocimientos teóricos y aprender a aprehender lo nuevo en las teorías para acceder a la Enseñanza verdadera, innovadora. Se examina el uso que desde el Supervisor y el Supervisando se le da a los conocimientos teóricos.

El fin de la Supervisión es ayudar a que el candidato llegue a constituir una identidad analítica propia. Esta identidad puede verse favorecida o perturbada a causa de los conflictos narcisísticos del candidato y/o del supervisor.

Siempre hay la posibilidad de la aparición de situaciones regresivas que involucren a los Supervisores y a los supervisandos. Cuando esto sucede  emergen aspectos del narcisismo que ponen en riesgo la estabilidad institucional al propender al partidismo y la escisión,   manifestaciones de hostilidad, abuso de poder y proselitismo que busca establecer una “casta” supervisora gobernante.

En síntesis: el proceso de supervisión también es un momento fecundo de construcción de conocimiento. El analista es quien siempre se autoriza a sí mismo ya que “paga” en la relación analítica con su cuerpo y su palabra. La supervisión es un nuevo espacio para que el analista repiense su clínica.

La dirección de la supervisión pivotea sobre tres ejes fundamentales : la particularidad del posicionamiento del analista , el despliegue de la función deseo del analista en cada caso y la afectación de la posición del supervisante respecto a la estructura del SsS. Ejes atravesados necesariamente por los avatares de la transferencia.

Bibliografía

Benedek, T. (1973). Five papers on Psycho-Analytic training. En       Psychoanalytic Investigations. Selected Papers of Therese          Benedek, New York Quadrangle/New York Times Book Co.

Bion, W. (1970).  Attention and Interpretation. London. Tavistock        Publications.

Blonfield, O. (1985).  La Supervisión Psicoanalítica: una visión general.       Libro Anual de Psicoanálisis. 1985, Ediciones Psicoanalíticas             Imago. S.R.L., Londres- Lima.

Folch, Eskelinen de (1980).  Cambios en las analistas y en su                                                           formación. Colección de Monografías. A.P.I. Número 4.                                                          Compilador: R. S. Wallerstein.

Etchegoyen, R. H. (1986).  Los fundamentos de la técnica psicoanalítica.                Amorrortu Editores, Buenos Aires.

Freud, S. (1937).  Análisis terminable e interminable. Obras Completas,                             T: XXIII, Amorrortu Editores, 1976, Buenos Aires.

Grinberg, L. (1956). Sobre algunos problemas de técnica psicoanalítica                              determinados por la identificación y  contraidentificación                                            proyectiva. Revista de Psicoanálisis. Vol. 13, pág. 507-11

Grinberg, L.; Langer, M. ; Liberman, D. ; Rodrigué, E. (1968 ).                                               Psicoanálisis de las Américas. Editorial Paidós Buenos Aires.

Grinberg, L. (1975).  La supervisión psicoanalítica. Teoría y práctica.                                   Paidós. Buenos Aires.

Lacán, J. (1956). La cosa freudiana o sentido del retorno a Freud en                                   psicoanálisis. Escritos, T: I, Siglo XXI Ed. México, 1971.

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Marcano, S. (1993). La contaminación en los análisis didácticos y las                                  supervisiones oficiales. Jornadas sobre formación psicoanalíticas.               Caracas. SOPSICAR.

Safouan, M. (1984)  Jacques Lacán y la cuestión de la formación de los                              analistas. Paidós, 1984. Buenos Aires.

Tomas, P. de. (1983).  Psychoanalytic Training in Europe. 10 years of          discussion. Bulletin Monographs.



psicologos Psicóloga UBA Villa Devoto 1559428070



psicologos Psicóloga Belgrano R  Urquiza 1559428070

Centro de Psicología: Liliana Paz Mendez

2 comentarios to “Supervisiones a analistas”

  1. Laura Miguez Dice:

    Me parece más que interesante la propuesta y como es encarado el tema de la supervisión por ustedes.
    En el trancurso de este año estoy por radicarme en Mar Del Plata y quería contactar un grupo de estudio y especialmente de supervisión. Agradecería cualquier dato referente a esto.
    Tengo 50 y no tengo contacto con profesionales de mar del plata, si en capital. gracias


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