El deseo: auténtico motor de la vida

En los momentos de crisis el deseo de vivir puede desfallecer y aparece la angustia. Qué es el deseo y cómo se relaciona con la motivación y los proyectos personales

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Puesta de sol en playa Claromecó. Buenos Aires Argentina
Puesta de sol en playa Claromecó. Buenos Aires Argentina Foto: Liliana Paz Mendez

Es lícito decir que el dichoso nunca fantasea; sólo lo hace el insatisfecho. Deseos insatisfechos son las fuerzas pulsionales de las fantasías y cada fantasía singular es un cumplimiento de deseo, una rectificación de la insatisfactoria realidad” Sigmund Freud. El creador literario y el fantaseo

Algunas veces sentimos nuestra vida aburrida y sin sentido.

Son momentos de crisis personal, donde las referencias e ideales respecto a la vida dejan de sostenernos.

En algunos casos,  la familia o los amigos, actúan de soporte para transitar la crisis. En otros, aquéllos en que hay  de signos de depresión (apatía, exceso o falta de alimentación, angustia permanente y sin sentido, dificultad o imposibilidad para realizar las tareas habituales y falta de atención) la consulta con un profesional se hace necesaria.

Por qué en los momentos de crisis sentimos que nuestra vida no tiene sentido?

La presencia de un proyecto personal, dirige hacia adelante y sostiene la satisfacción en el presente de nuestra existencia, mientras que en las crisis aparece la insatisfacción y sentimos que nuestros proyectos se derrumban o empiezan a perder sentido.

De todos modos, en condiciones normales,  solemos centrarnos poco en el presente, vivirlo con intensidad, “degustarlo”. Aunque también es cierto que vivir en un presente perfecto y permanente es un imposible. El presente perfecto tiene dos caras que se pueden observar bien en los efectos que producen las drogas. La primera es el tiempo gozoso de la vivencia, que se traduce corporalmente en un incremento de adrenalina y se relaciona con el encuentro supuesto de “LA” felicidad perfecta. La otra cara es el abatimiento cuando no logramos ese ideal. Como los ideales sólo son estados mentales, ya que “todo” no se puede, seguramente habrá momentos de frustración que se traducen en crisis. En los estados de salud, ante la crisis el Sujeto tiene la posibilidad de recuperar los eventos positivos de su pasado para repetirlos en el presente y proyectarlos en el futuro. También puede elaborar las situaciones traumáticas para lograr un equilibrio entre el todo y lo posible. En los casos en que el Sujeto tiene menores recursos para tolerar la frustración, en los estados de crisis aparecen impedimentos para delinear un nuevo proyecto, que genere la motivación necesaria para continuar viviendo.

Motivación siempre es sinónimo de empuje. Existen dos grandes modos de motivación: la motivación externa y la motivación interna. La motivación externa, se compone de los incentivos que vienen dados desde fuera,  por los otros o por el entorno, ya sean positivos (p.ej. reconocimiento, dinero o un ambiente agradable), o negativos (pej. castigo, indiferencia, ambiente hostil). La motivación externa es una auténtica “bomba de tiempo”, porque nos deja en manos de otro/s que en cualquier momento pueden suspender el incentivo o la atención hacia nosotros. El lema de la motivación externa es “lo hago por vos” y si, por algún motivo ese otro desaparece o deja de interesarse por nosotros, sobreviene la angustia.

Por el contrario, la motivación interna es el auténtico motor de la vida. A esta motivación interna podemos llamarla deseo. El deseo tiene raíz pulsional y está apoyado en Eros, es decir la pulsión de vida. Funciona proyectándonos al futuro en base a nuestros anhelos, objetivos, integrando nuestras capacidades e intentando repetir la experiencia de satisfacción y el goce de obtener logros, que generan autoestima. De allí la importancia de desarrollar las experiencias positivas, donde el goce provenga de la puesta en acto del deseo, auténtico motor de la vida.

Por ello los psicoanalistas consideramos que toda terapia psicoanalítica tiene (o debería tener) como horizonte llevar al Sujeto a poner en juego su deseo, no sólo para superar una crisis, sino para lograr un cambio creativo que aumente el sentimiento de sí y mejore la autoestima y la calidad de vida. Y para recordar siempre que tener “todo” es igual a la muerte del deseo.

Lic. Liliana Paz Mendez

Psicóloga UBA

Cel/Whatsapp 1559428070

No se desesperen (Luna Park 1984) – Los Abuelos de la nada